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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Los últimos ataques del representante nicaragüense ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos muestran que su gobierno no entiende que el combate a la xenofobia es de doble vía y que ya es hora de que dejemos de autoflagelarnos y le hagamos sentir –sin importar quién sea el Presidente– que debe cambiar de actitud si desea relaciones buenas y productivas. La llegada masiva de inmigrantes genera tensiones difíciles de manejar, en especial si provienen de estratos muy bajos. En comunidades donde la más dura competencia es satisfacer las necesidades básicas y hay una lucha de “todos contra todos”, la animadversión al inmigrante toma más fuerza; donde la marginación social es más aguda y resentida, la xenofobia tiende a ser más fuerte. Por eso, en Estados Unidos el peor racista es el blanco miserable ( white trash); o, como lo señaló Fannon en Los Condenados de la Tierra, el colono más marginal fue siempre el colonialista más discriminador y feroz. En las sociedades –¿cuál no?– hay personas que discriminan: al nica, al “sudaca”, al judío, al “moro”, al negro y al aborigen. Se necesitará mucho tiempo –bien aprovechado, además, con políticas educativas, económicas, socialy hasta ecológicas–, antes de que estas malformaciones psicosociales sean superadas. Muchas reaparecen bajo formas inesperadas y embellecidas, como las que se ocultan detrás de la fabricación de medicinas especiales para determinadas etnias. La cuestión no es ese fenómeno individual. Lo decisivo es que esa discriminación no encuentre ni la más remota institucionalización pública; que xenofobia y racismo sean combatidos conforme a los principios del estado de derecho; que los derechos fundamentales del extranjero le sean garantizados por la ley y respetados por el Estado; y que la educación pública, en la formación del educando, no se aparte un ápice de esos principios de la vida democrática y constitucional, que en Costa Rica –a diferencia de muchos otros Estados-, equipara al extranjero con el nacional. Es ridículo acusar al Poder Judicial de xenofobia. El retraso judicial, cuando se da, es problema nacional, no invento contra nicaragüenses. Claro, hay individuos y hasta sectores que son xenofóbicos: ¿quién puede lanzar la primera piedra?. Lo esencial es que no tienen el menor apoyo institucional o legal a sus prejuicios, todo lo contrario. La corriente decisiva del pensamiento político y social tico va contra la xenofobia y la discriminación. Cosa que respecto a nosotros no podrían decir sin sonrojarse muchas autoridades nicaragüenses que tienen el tupé de acusarnos.
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