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Ser o no ser de Europa Un certero proverbio alemán dice: “Si no hay Dios, todo está permitido”Alberto Casals acasals2003@yahoo.com Presbítero En la propuesta de la Constitución Europea no se hace eco a las raíces cristianas que configuraron el ser de Europa. De hecho, señala el jefe de la Casa Real de Austria, Otto de Hagsburgo, hijo del emperador Carlos I, las actuaciones opuestas a una mención a Dios en la Constitución se remontan a una época no demasiado lejana: la estalinista. Después de la II guerra mundial, el primer día de debate entre Inglaterra, EE. UU. y Rusia para la creación de una organización internacional, el representante de Rusia, Máxime Litvinov, leyó un documento diciendo que para Rusia era inaceptable que se mencionara a Dios en esa institución y que, por el contrario, en el tratado que iba a crear la nueva entidad mundial había que echar al fantasma del pasado, según él, y, en su lugar, poner al hombre en el trono. Esto lo aceptaron los tres estados presentes, pero en 1945, durante la Conferencia de San Francisco, los seis estados musulmanes convocados retomaron la iniciativa de reconocer a Dios como fuente de derecho. A la hora de votar su propuesta; sin embargo, fueron derrotados los 11 votos positivos frente al resto: estos 11 votos eran de los seis países musulmanes y de cinco estados iberoamericanos. Desgraciadamente, todos los europeos presentes en San Francisco votaron contra Dios. El padre de la resistencia a Dios fue Josef Stalin. Mal signo. Ahora, ya en el siglo XXI, ante el rechazo del reconocimiento de las raíces cristianas en Europa, podríamos pensar que nos encontramos frente a una nueva victoria del pensamiento de Stalin. Esto no parece ser un buen signo para la humanidad. La visión de San Pablo que, en sueños, vio un macedonio y escuchó su súplica: “Ven a Macedonia y ayúdanos”, puede ser interpretada, acaba de decirnos Benedicto XVI en Ratisbona, como una condensación de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y el interrogarse griego. No actuar “con el logos” es contrario a la naturaleza de Dios. Italia, Polonia, Portugal, Malta, Lituania, República Checa y Eslovaquia reclamaron la mención expresa a las raíces cristianas del continente en la Constitución Europea, pero tropezaron con una fuerte oposición y no se introdujo, por ahora, ninguna modificación en el preámbulo. Juan Pablo II volvió a lamentar esta carencia, aunque valoró positivamente que la Carta Magna garantice la libertad de culto, de enseñanza religiosa, así como la personalidad e identidad de las iglesias.
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