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Género, ciencia y vida

¿Habrá llegado el momento de recurrir a Dios y aceptar el imperativo del amor?

Roger Churnside
Economista

“¿Qué es género?”, le pregunté a una distinguida expositora en una actividad académica reciente. Después de dar varias vueltas a la pregunta, me preguntó si estaba satisfecho. Le dije que no me había dado la definición solicitada, pero que dejáramos las cosas así, ante el público. Luego, a petición mía, continuamos la discusión en privado, hasta un momento en que mi interlocutora exclamó, al estilo de Jane con Tarzán: “¿Cómo no puede entender? ¡Usted, género masculino; y yo, género femenino!”. A esto respondí: “Allí está el problema: nos encontramos en un círculo conceptual indeterminado; usted define o describe género con base en género”. Me señaló que, para resolver eso, debía asistir a ciertos cursos o leer algunos libros. Y una joven, quien se acercó para escuchar la discusión, me recomendó buscar en Internet.

De tal manera, quedé realmente frustrado. Yo esperaba una definición sencilla, que sirviera para dialogar, por supuesto con el entendimiento de que podía ser revisada, precisada y corregida. Para mostrar lo que me preocupa, voy a hacer algunos planteamientos aquí, con la esperanza de que otras personas interesadas en la materia de género contribuyan a aclararlo.

Dimensión humana. Preliminar y tentativamente, defino género en la siguiente manera: “Género” es una dimensión humana, entre infinitas más. Y ¿qué es una “dimensión humana”? Una semejanza de los seres humanos (una cualidad que tienen en común), la cual envuelve diferencias. Consideremos los siguientes ejemplos o ilustraciones de uso cotidiano:

Estatura es una dimensión humana. Todos tenemos estatura, pero cada persona tiene una estatura específica, que se puede expresar en metros o pies.

Ocupación es otra dimensión humana. Todos los seres humanos tienen ocupación; algunos son maestros, otros son jardineros, otros músicos.

Edad, lugar de residencia, credo religioso, nivel educacional, nacionalidad, estado civil, simpatía futbolera, y así por el estilo. Todas son “dimensiones” (que tiene todo ser humano), cada una de las cuales envuelve diferencias.

En la dimensión de “género”, las diferencias se refieren a participación en la reproducción de la especie humana: feminidad y masculinidad. Si se acepta que “género” es una dimensión humana entre infinitas otras, ¿con base en qué podemos sostener que determina la condición humana concreta o total? ¿Cómo sabemos que es más importante que otra, que un subconjunto o que todas las demás? Para aclarar, resolver y corregir eso, ¿en qué y cuánto será necesario reconceptuar, redefinir o reconstruir la dimensión? ¿Cómo tratar todo eso científicamente, es decir, no solo afirmando o denunciando, sino demostrando con razonamientos y evidencia empírica? Se debe reconocer que, como alternativa, se puede apelar a emociones e intereses políticos, para resolver esas preguntas y problemas; también es posible recurrir a otros campos del conocimiento y la experiencia huma- na, como la teología y el amor.

Claro y coherente. Creo que tales preguntas y empeños son necesarios; las (y los) feministas tienen derecho a plantearlos; y todos debemos estar dispuestos a participar en ellos. Pero ese esfuerzo tiene que ser conceptualmente claro y coherente. Para tal efecto, estimadas lectoras y estimados lectores, les pregunto: ¿cómo definen “género”? ¿Cuál es la función de la ciencia en el tratamiento de los dilemas y desafíos correspondientes? ¿Hasta qué punto son fenómenos de emoción e interés que cambian solamente mediante luchas de poder? Y, si reconocemos los límites de nuestros conocimientos racionales, junto con el riesgo de auto-destrucción de nuestra especie, ¿habrá llegado el momento de recurrir a Dios y aceptar el imperativo del amor?

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