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De inseguridad y agujas ¿Vida o libre tránsito? La violencia ha generado una respuesta ciudadanaJaime Rivera, residencial La Amada, Heredia; Elizabeth Meza Lopez, urbanización La Alambra, Ciudad Colón; Derk Van Wilpen, Montaña del Sol, Santa Ana; Gastón Vargas Rojas, Urb. Valle del Sol, Alto de las Palomas; Sonia M. Castro Córdoba, Urb. Río Oro, Santa Ana; Filiberto Chavarría Gellaert, residencial La Amada, San Pablo de Heredia; José Atiliano Barrantes , residencial Cariari, San Antonio de Belén; Amed Espinoza Calderón, Urb. Palo Verde, Cartago. La Red de Barrios Pro Seguridad Solidaria –representante de más de 148 residenciales de diferentes puntos del país– se manifiesta sobre el proyecto de Ley de Reforma al Artículo 32 de la Ley General de Caminos Públicos, votado en el Plenario Legislativo, por unanimidad, en primer debate. La ola de violencia ha generado una respuesta ciudadana simple: las “agujas”. La ley de tránsito vigente data de una Costa Rica muy diferente de la que vivimos hoy. Hay que adecuarse a los tiempos y sopesar qué vale más: la vida o el libre tránsito, controlado, no interrumpido, como quieren hacer ver los detractores del proyecto que regula estos mecanismos, simples puestos de observación en barrios que no conducen a ningún otro lugar. Paso libre. No estamos interrumpiendo el paso, solo observando quién ingresa a nuestro lugar. El poner o no estos mecanismos está en manos de los vecinos, quienes deciden por mayoría del 75% si los ponen o no. Las municipalidades serán quienes autoricen esos mecanismos y vigilarán que se cumplan los reglamentos. Además, un requisito para instarlos es que una empresa de seguridad los opere las 24 horas y precisamente para eso debe estar a derecho con la nueva ley de seguridad privada, aprobada recientemente. El contribuir de nuestros bolsillos para pagar por la propia seguridad significa realmente un esfuerzo económico para los hogares que disfrutamos este beneficio y sería muy extenso relatar las tristes experiencias de robos, asaltos, violaciones, crímenes, etc. en cada uno de los 148 barrios que integramos la red. Esos crímenes nos llevaron a poner agujas, no por gusto, sino porque nuestras vidas, la propia integridad y los bienes, adquiridos con el esfuerzo y el trabajo de años, reciben amenaza constante del hampa. Prueba de conciencia. La respuesta positiva de los diputados, con votación unánime en primer debate, es una muy clara muestra de conciencia de la falta de recursos del Estado; fue un voto responsable, al mostrarse conocedores de que no existe otro actualmente que ofrezca una opción de seguridad a la indefensa ciudadanía. Nos encantaría vivir sin agujas, sin rejas, sin muros, pero esto está muy distante de la realidad nacional, donde imperan el hampa y la violencia. Con barrios más seguros, ahora tenemos parques más seguros para el disfrute de propios y ajenos y es común ver jóvenes, grupos de jardines infantiles, personas de la tercera edad, disfrutando de áreas verdes mejor cuidadas, no como antes, cuando teníamos parques oscuros y peligrosos, porque hasta la iluminación era robada con frecuencia. Si nos quitan las agujas, ¿qué y quién nos ofrece algo equivalente a cambio?
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