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Foto Principal: 944611

Fuimos juntos al presidio


Eladio Jara Jiménez
eladiojara@yahoo.com
Ingeniero

En aquellos tiempos, época del presidente Mario Echandi, Joaquín Vargas Gené era el ministro de Gobernación y puso gran interés en continuar el proyecto de la reforma penitenciaria que había iniciado Carlos Manuel Vicente en la administración anterior.

Un día, apareció don Joaquín por el Ministerio de Obras Públicas con el propósito de pedir al ministro Espíritu Salas colaboración para que sus ingenieros se encargaran de elaborar los planos para los edificios que aquella reforma requería.

Le toco a este ingeniero atender a don Joaquín quien, con la afabilidad que siempre lo caracterizó, media hora después ya éramos viejos amigos. Nos expuso inmediatamente los propósitos de la reforma y la necesidad de actuar con rapidez.

Para reforzar sus argumentos, me invitó a visitar la Penitenciaría, donde los reos comían con la mano porque no había cucharas, dormían bajo una improvisada tienda de gangoche, tirados en el suelo y para sus necesidades contaban con una larga batería de servicios sanitarios sin privacidad, en donde los aromas no invitaban a quedarse allí leyendo.

Algunos días después me llamó por teléfono para invitarme a acompañarlo en una visita que tenía planeada al Penal de San Lucas.

Muralla natural. Aquella isla en el golfo de Nicoya era muy pintoresca; no había murallas para evitar que los reos se escaparan. La muralla era el mar y, si alguno quería fugarse, tenía que nadar 10 kilómetros entre tiburones y tormentas para llegar a tierra firme. San Lucas era mejor que la Penitenciaría de San José.

El Comandante me llevó a ver las instalaciones existentes: calabozos, comedores, sanitarios, áreas de recreo y biblioteca. Parecía raro que en un presidio hubiera una biblioteca, pero ahí estaba, y su administrador era José León Sánchez. Ahí fue donde José León se convirtió en un escritor internacional. Un día envió un cuento suyo a un concurso literario y, como iba con seudónimo, ganó el primer lugar sin que los jueces del certamen se enteraran de antemano quién era el autor de aquel relato tan bonito.

Al regresar de la inspección del edificio, me encontré con el ministro de Gobernación Joaquín Vargas Gené, sentado en el zacate, contando cuentos rodeado por lo más selecto del hampa nacional. Todos disfrutaban con regocijo la tertulia con el Ministro.

Regresamos a San José con las ideas más claras respecto a la construcción de las nuevas instalaciones para los presidiarios, que serían ubicadas en una finca situada cerca de San Antonio de Belén.

Después de Echandi, la presidencia pasó a manos de don Francisco Orlich, uno de los presidentes más honorables y trabajadores que hemos tenido.

En 1965 se encendieron los fuegos electorales para escoger al nuevo presidente del período 1966-1970. Ahí también tuvo una participación muy destacada Joaquín Vargas Gené. Las encuestas se inclinaban a favor del Partido Liberación Nacional y el candidato de la oposición era don José Joaquín Trejos, profesor universitario de mucho prestigio, pero desconocido en el campo de la política.

Manos limpias. Como sucede siempre en las campañas electorales, los dirigentes se lanzan cargos de corrupción para desilusionar a los partidarios del bando contrario. En esa oportunidad, a Vargas Gené se le ocurrió una idea genial: señalar a don José Joaquín Trejos como el hombre de las manos limpias. Aquella idea, convertida en eslogan de la campaña, logró calar el pensamiento de los votantes y el día de las elecciones las encuestas previas fallaron: don José Joaquín se convirtió en el nuevo presidente de la República por una diferencia de 5.000 votos.

Nos ha tocado este año la triste tarea de despedir a Joaquín en la Iglesia de San Pedro de Montes de Oca, y solo nos queda en la mente el grato recuerdo de su personalidad y simpatía.

Ojalá, Joaquín, que en uno de estos siglos nos volvamos a encontrar en algún otro planeta.

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