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De las palabras... Armando Mayorga amayorga@nacion.com Costa Rica es el país de los informes. Los miles de investigaciones que ha pagado el Estado o han financiado naciones u organizaciones internacionales, ya lo han dicho todo. El análisis, el diagnóstico de lo que ocurre o ocurrirá, o el camino que debemos seguir, ha sido exagerado. Como dice el dicho, de las palabras a los hechos hay mucho trecho. Este país se quedó en las palabras, y los hechos, la acción, no se ven ni a la legua. Ante los diagnósticos nada halagüeños de decenas de informes, nuestra democracia es la peor enemiga; es la culpable de que todo quede en palabrería. Entonces, vamos a algunos hechos: los informes dicen que, en las últimas dos décadas, la pobreza se estancó en un promedio del 20% de la población, lo cual deja ver que el modelo para atacarla es un fracaso y que lo único que logra el Estado, con los millones que gira, es mantenerla. Pese al fracaso, nada cambia. Vamos a otros hechos: en la educación pública, los problemas para evitar su creciente brecha con la privada, están más que identificados, pero lo que falta es afrontarlos con acción. Pero nada cambia. Hay más hechos: en salud, toneladas de informes indican cómo dar un giro a la atención en los hospitales y clínicas de la CCSS, cómo modernizar una de las instituciones más preciadas, pero esos papeles se embodegaron, y, por esto, hoy tenemos una entidad enferma..., tan enferma que una recién nacida en Liberia murió por esa deshumanización que se expande por los hospitales y clínicas públicas.
Educación y salud son solo dos ejemplos, pero la lista de casos en los que todo está dicho y nada pasa, es enorme. El abuso de la democracia es un gran culpable porque, aquí, todos tienen derecho a voz, derecho a obstruir la decisión de la mayoría. Así, aplicar las soluciones que cuentan con más consenso, más respaldo, es casi imposible. El mejor ejemplo lo da el Congreso –este y los anteriores–, donde es común que los diputados adversarios al criterio de mayoría, recurran al “filibusterismo”, obstruccionismo, para impedir la toma de decisiones. Por eso, no es de extrañar que una gran cantidad de ticos (38% en el 2005 y 49% en el 2006, según las encuestas) se muestren proclives hacia la figura de un gobernante más firme, con mayor poder de decisión, para pasar, de una vez por todas, de las palabras a los hechos. Porque, si algo está claro, es que de informes, y diagnósticos, hartos estamos.
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