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¿No les suena conocido? Sorprende que haya quienes se dicen inteligentes pero justifican una actitud antidemocráticaEduardo Brenes Jiménez ebrenes@correodeloeste.com Secretario General del Partido del Sol, Santa Ana A raíz de las declaraciones del señor Albino Vargas respecto al desconocimiento de la Asam-blea Legislativa como órgano llamado a decidir el futuro del TLC, no dejo de sorprenderme de que haya personas que se dicen inteligentes que justifican esa actitud antidemocrática o no dicen nada y ven, con una sonrisa indulgente, tal suerte de declaraciones. Venimos pasando una elección, y nadie podrá negar el haber podido votar libremente y decidir quién llevaría las riendas del país. En mi caso, no fue el candidato de mi elección, pero, como demócrata que soy, sé respetar lo que las mayorías escogen. Don Óscar Arias dijo muy claramente en campaña que apoyaba el TLC e iba a hacer todo lo posible por aprobarlo; no engañó a nadie. Además, si sumamos los vo-tos de quienes se manifestaron a favor del TLC en campaña, son más que aquellos que lo hicieron en contra. Tanto el PUSC (4 diputados), el PUN (1), el Libertario (6) y el PLN (25) dijeron estar a favor de ese tratado. ¿Entonces por qué desconocer la legitimidad democrática que tienen el Gobierno y la Asamblea de pretender aprobar lo que consideran beneficioso para el país? Trabajo sucio. Muchos guardan silencio porque los sindicatos hacen y dicen lo que ellos no se atreven a decir y hacer. Siempre es bueno tener quien haga el trabajo sucio. Luego se desmarcan de ellos y dicen que no los representan; pero ¿no son los sindicatos los que llenan las marchas?, ¿no son ellos los que se convierten en voceros y encabezan las protestas? Es hora de definir bien las cosas. Decir que la Asamblea es rehén del Poder Ejecutivo y que eso les da carta blanca para resolver las cosas de otra forma (forma que nunca dicen ni se atreven a decir), es realmente un esperpento. ¿Quién decide cuándo un parlamento es antidemocrático?; ¿ ellos, que nunca han tenido la valentía de poner sus nombres en una lista electoral y someterse al pueblo para que decida si los vota o no?; ¿ellos, que aplican los mecanismos más antidemocráticos dentro de sus organizaciones? Nada nuevo. Vivimos en una democracia representativa, donde tenemos mil formas de participar después de que elegimos a nuestros representantes, siendo la manifestación pacífica y sin bloqueos una de ellas (jamás la única). La democracia participativa de la que ellos hablan no es nada nuevo; ya la practicaron en su momento los regímenes totalitarios, tanto comunistas como fascistas, en donde existe una apariencia de participación, pero, en realidad, lo que hay son sectores y gremios que deciden por todos y que son elegidos por ellos mismos. Con todos sus errores, que los tiene y son muchos, prefiero la democracia representativa de corte liberal que, entre todas, es la que menos defectos tiene. No hay que dejar pasar por alto las palabras de los sindicalistas. Son palabras con mucho peso. Dice el escritor español José María La Salle, respecto de los totalitarios: “El totalitarismo tiene detrás un largo proceso de gestación. Comienza con una manipulación consciente de la realidad utilizando un lenguaje que demoniza al adversario para transformarlo en un ‘enemigo’ que no merece respeto ni consideración. Esto se logra con métodos de agitación y propaganda que caricaturizan al oponente, lo ridiculizan y lo insultan convirtiendo el lenguaje en un aquelarre de sentimientos y emociones que exorcizan cualquier resquicio de racionalidad. El paso siguiente es más sencillo. Trata de generar, como analiza Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, una conjura emocional que identifique, en medio del silencio cómplice de la mayoría, a quienes deben ser expulsados de la ‘normalidad’ política porque no la merecen, algo que evidentemente puede hacerse de muchas maneras, de forma cruenta o incruenta, con sutileza o brutalidad, de forma selectiva o indiscriminada”. ¿No les suena conocido?
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