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Cambio en Ecuador Los electores han dado un sólido respaldo a Rafael Correa y su mensajeEl reto es atender el clamor dentro de la democracia y con responsabilidad Los ecuatorianos votaron el domingo en una segunda ronda electoral, y el resultado que arrojan las urnas es contundente: un abrumador apoyo al atractivo economista de izquierda Rafael Correa, de 43 años y candidato de la agrupación Alianza País (AP). Con poco más del 50% de los votos escrutados, duplica la votación de su contendor, el multimillonario Álvaro Noboa, quien fracasó en su tercer intento por llegar a la Presidencia. El resultado se puede explicar por tres razones esenciales, fuertemente relacionadas entre sí. La principal fue la capacidad de Correa para desarrollar una campaña dinámica, proyectar una imagen de honestidad y cambio, y plantear un mensaje que apeló a amplísimos sectores de la población, en un país con enormes problemas de pobreza y desigualdad, social étnica y regional. En segundo término se encuentran las enormes dudas que despertó Noboa, con una plataforma de promesas múltiples y mesianismo religioso que, sumada a su falta de experiencia política y cargos de corrupción, lo debilitó de una manera creciente durante la campaña para la segunda vuelta. Y, finalmente, hay que tomar en cuenta la fatiga de los ciudadanos con un sistema político inestable y disfuncional, que ha limitado al extremo los márgenes de honestidad pública y gobernabilidad del país. La sólida votación final a la que se encamina Correa le dará una fuerza y legitimidad muy fuertes para ejercer el gobierno e impulsar su proyecto de transformaciones. Sin embargo, tiene ante sí una realidad de inestabilidad política sumamente desfavorable. Ecuador ha tenido 7 presidentes en los últimos 10 años, y el nuevo Congreso, como ha sido usual, estará fragmentado entre varios partidos políticos, sin un solo diputado de la AP, que decidió no presentar candidatos legislativos. Desde el comienzo de sus aspiraciones, el virtual Presidente electo esbozó un argumento inquietante en este sentido: su voluntad de reformar drásticamente las instituciones, mediante una “revolución ciudadana”, lo cual tornaría irrelevante al Poder Legislativo actual. Cómo pretenderá llevar a cabo este proyecto y en qué medida intentará usar la inercia de su fuerza electoral para imponerse a las instituciones, es la mayor interrogante que hoy se cierne sobre Ecuador. De su respuesta, tanto por parte de Correa como de los demás dirigentes y sectores políticos, dependerá en mucho el futuro de la democracia y de la gobernabilidad del país. Durante la campaña para la primera ronda, Correa, además, fue portador de una retórica crispada y presumió de su amistad con el venezolano Hugo Chávez, lo cual también despertó justificadas inquietudes e hizo que, en esa oportunidad, ocupara el segundo lugar, tras Noboa. Durante el último mes redujo la virulencia de sus declaraciones y prometió respetar la democracia y el sistema económico de mercado. Sin embargo, insistió en su rechazo a un posible tratado de libre comercio con Estados Unidos, su determinación de no pagar la deuda externa suscrita de forma “ilegítima” y el imperativo de renegociar los contratos con las compañías petroleras. Nada de lo anterior es, necesariamente, incompatible con un futuro buen gobierno, siempre que se maneje dentro de los ámbitos de la legalidad, la sensatez y el respeto a las instituciones. Cuál será la ruta que seguirá Correa en este sentido es otra de las interrogantes, aunque, tras su victoria, ha sido muy cuidadoso en sus declaraciones. A esto hay que añadir, como ventaja, su formación económica (tiene un doctorado en la materia de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos), el hecho de que, tras seis años de economía dolarizada, ya hay factores de estabilidad enraizados y la vinculación de Ecuador al mercado internacional, por sus exportaciones de petróleo, banano, camarón y otros productos. De aquí a la toma de posesión, se irán despejando varias dudas, pero la clave estará en su ejercicio de gobierno. La certeza inmediata es el deseo de cambio de una abrumadora mayoría de la población. Ojalá ese clamor sea atendido con sentido democrático y responsable. Sería un gran aporte de Correa a su país y a su pueblo.
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