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Familias denuncian graves fallas en atención Ángela Ávalos R. aavalos@nacion.com Gloria López, de 20 años, dio a luz a un bebé muerto la noche del 18 de octubre. Aunque todo hacía suponer que Aarón nacería sin problemas ese día, un segundo monitoreo fetal le reveló a la joven madre que el corazón de su primogénito ya no latía. “Todo el embarazo estuvo normal. Hasta ultrasonidos por fuera le pagamos. Yo no podía creer lo que pasaba cuando mi hija me llamó llorando”, contó la abuela de Aarón, Lizeth Traña. La familia de esta joven, vecina del barrio 25 de julio, en Liberia, sostiene que a Gloria no la atendieron bien en el hospital. Según contó Traña, su hija llegó la mañana de ese miércoles a su última cita de control. En el hospital decidieron dejarla porque ya el bebé había cumplido su plazo de gestación. La primera lectura del monitor indicaba que todo estaba bien y la llegada de Aarón era cuestión de tiempo. Horas después, un segundo monitoreo le reveló a esta joven madre la mala noticia. Los médicos no se atreven a afirmar que una falla en el funcionamiento del monitor incidiera en la muerte del bebé, al impedir una atención oportuna del parto. Lo cierto, sin embargo, es que los nueve aparatos que tiene el hospital dan lecturas erróneas, según admitió el jefe de ginecología del hospital, Luis Villegas. “Nadie me da explicaciones. Lo que más me dolió es que a mi hija la tuvieron sola, en una silla, desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde, cuando la pasaron a sala de partos”, agregó Traña. Otra historia. Un caso similar pasó el 16 de noviembre, cuando falleció el primogénito de José Santana y Aracelly Angulo. Don José asegura que a su esposa, de 18 años, la forzaron en el hospital para dar a luz de forma natural (vía vaginal). “Cuando ya mi esposa no pudo más, la metieron para hacerle una cesárea. Pero sacaron al chiquito morado. Mi hijo murió poco después”, dijo el viernes 17 de noviembre, cuando llevó al hospital el ataúd para meter a su bebé. Esta familia de Filadelfia también asegura que su primogénito se habría salvado con una atención oportuna. Este jornalero de 25 años, vecino de Filadelfia, tuvo que pedir ayuda para comprar el féretro. “Nosotros somos de pocos recursos. La cajita nos la regalaron. Todavía no hemos pensado en demandar porque estamos con otras carreras (la preparación del sepelio del niño)”, dijo José. En ninguno de estos dos casos, las familias aceptaron hacer autopsia al bebé.
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