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Comentario del Evangelio: Cristo Rey y el final del año litúrgico No sabemos bien qué originó la pregunta con que se inicia la perícopa que la Iglesia nos regala en este domingo de Cristo Rey del Universo. “¿Eres tú el rey de los judíos?”, es la cuestión que desvela a Pilato. Jesús responde preguntando “¿Dices eso por tu cuenta?” (v.34). Da oportunidad a la autoridad romana de pensar por sí y a desprenderse del contexto que lo presiona. Le anima a tomar una posición propia, sobre todo, cuando para todos era evidente el desprecio que los asuntos judíos provocaban en el ánimo del procurador imperial. El diálogo le da pie a Jesús para explicarse. Hace ver la naturaleza de su reinado. Una realeza que deja de lado toda connotación política y nacionalista. Incluso sus servidores no actúan con criterio mundano alguno. Mas sin embargo, ante la insistencia en preguntar que muestra el representante de Roma, Jesús se declara rey. Así y en la más pura de las expresiones de la ironía joánica, Pilato cree entender algo de lo que Jesús no habla. En otras palabras, en el sentido que la palabra “rey” tiene para Pilato, Jesús no es rey. Aquí la condición real de Jesús habla de un reinado diferente, fuera de este mundo y llamado a dar testimonio de una verdad que el mismo representante del poder imperial no comprende. De aquí lo duro que suena el cierre del texto que hoy comentamos: “todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (v.37b). Así nos ponemos hoy ante Cristo en el cierre del año litúrgico y en una fiesta que nos invita a pensar en un rey, un reinado y un reto. El rey es Cristo que al darse, redimirnos y manifestarse obediente hasta el extremo, está exaltado junto a Dios Padre y es Señor de todo. Un reinado basado en la verdad y que poco a poco se irá haciendo realidad en medio de un mundo que tarda demasiado en aceptar sus valores. Y un reto, esto es, la tensa espera activa de cara al ya pero todavía no, o sea, la certeza de que Cristo Rey ya nos ganó unos dones que aún no acaban de manifestarse plenamente. El próximo domingo estrenaremos año litúrgico. Se inicia el tiempo de adviento: cuatro semanas que nos llevan, como pasando por una “pequeña cuaresma”, hacia la gran fiesta y ciclo de Navidad-Epifanía. Ojalá ninguna familia olvide su corona en la mesa de la comida fraterna diaria. Un instrumento que facilitará dos cosas: primero, el caminar de todos en el hogar hacia la llegada del Señor que se acerca y, segundo, a crecer en la certeza colectiva de que Navidad es Jesús. Mauricio Víquez Lizano, pbro.
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