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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Tras que éramos tantos, parió la abuela. ¡Cuánta sabiduría remansada en los dichos populares! Algo pasa, en verdad, en América Latina. A los enormes desafíos de nuestros países: el hambre y la desnutrición, la brecha social, el analfabetismo, la corrupción, la ingobernabilidad y otras desventuras, se ha agregado el combate por la independencia de Puerto Rico… Con estos afanes estratosféricos se reunió en Panamá, el fin de semana pasada, un grupo de variopintos personajes políticos, capitaneados por Rubén Berrios, presidente del Partido Independentista de Puerto Rico, para crear el “Comité Permanente de Trabajo por la Independencia de Puerto Rico”. El líder anunció el engendro de un “ejército libertario del siglo XXI” para lograr este objetivo. Se suscribió así la Proclama de Panamá, con la bendición del Gobierno de Torrijos y el patrocinio inclaudicable de Ricardo Alarcón, de cuerpo presente, presidente del parlamento cubano, miembro del comité, con un costarricense y otros, a fin de descolonizar a Puerto Rico e incorporarlo al “concierto de naciones libres”. Hugo Chávez salta de gozo y se ignora si Fidel Castro tendrá conciencia de la magnitud de este casi póstumo triunfo. La libertad, si mal no recuerdo, consiste en la capacidad de elegir y, en cuanto a los pueblos, de determinarse. Este principio me trae a la mente que, en todas las elecciones en Puerto Rico, la opción independentista, como la de Rubén Berrios, ha carecido de arraigo popular. Ahora, un grupito de señores exhuman este tema. Hipótesis: para reconquistar algún protagonismo, porque creen que los votantes puertorriqueños, sometidos a dura esclavitud, no piensan; porque ellos, los del Comité, se creen unos iluminados, o bien porque, cansados del tedio de la vida y de la falta de compromisos serios con la realidad latinoamericana, quieren divertirse. Si son tan amantes de la libertad y tan hombrecitos, ¿no era más decente y coherente luchar por la libertad de los presos políticos en Cuba y denunciar la sistemática violación de los derechos humanos en el régimen de Fidel Castro? Esta proclama en Panamá, bajo el alero presidencial, amasada con la retórica vacía de Raúl Alfonsín, expresidente de Argentina, y el aplauso del coro “libertario”, es cinismo mondo y lirondo, y constituye, por otra parte, una mofa cruel contra el pueblo cubano. ¿Por qué seguimos realmente siendo pobres en medio de tanta riqueza? Porque nuestra capacidad histriónica, digna del loquito de López Obrador, en México, supera con creces nuestra capacidad de actuar con seriedad.
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