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La Habana de los gallegos

La isla de Cuba, espiritualmente, es la quinta provincia gallega

José María Penabad López
Cónsul en La Habana

En La Coruña, el territorio europeo más próximo a América, se eleva la Torre de Hércules, firme faro romano, para iluminar las lejanías y rebeldías del océano Atlántico. Sus 365 milenarios escalones de piedra, que conducen a su alto balcón, fueron gastados por el peregrinaje de fe, dice la leyenda, de las mujeres gallegas, viudas de vivos, entre ellas mi madre, para ver llegar sus hombres a La Habana.

Para Galicia, el universo migratorio de su gente, América de norte a sur, se resume en una sola palabra: La Habana. Porque Cuba, espiritualmente, es la quinta provincia gallega. Y en la vieja jerga de la mayor de las Antillas se responde con una frase clásica: ¿Quién que es, no es? (¿Quién que es cubano, no es gallego?). Basta un leve recorrido por el árbol genealógico de los isleños para corroborar el dicho.

Y como gallegos, tal vez por su mayoría respecto a los procedentes, injerto, de otras regiones españolas, se conoce y distingue a asturianos, canarios, catalanes…

Sangre celta. La Habana, que concentra, pues, para los gallegos, todo el Continente de Colón, responde, efectivamente, al genio y figura de la sangre celta. Los gallegos han dejado su impronta, trabajo y honradez, en la ancha y larga capital de Cuba. Vanguardia de los claros clarines de Rubén Darío, en el progreso y superación de aquel otrora orgullo americano, y su muestrario ejemplar. Los gallegos se someten, hoy, a la canción desesperada de Pablo Neruda, redimidos, resumidos, en sendas metáforas poéticas.

Hace muy pocos días, en un lugar fraterno de Galicia, el nieto buscó auxilio para su tarea escolar: “Abuelo, debo escribir sobre Cuba, donde naciste, ayúdame”. Y el viejo, emigrado a su raíz, queda paralizado. “Abuelo, vamos, ¿donde está Cuba?”. Vuelto a la realidad, el hombre veterano contesta: “Neniño, Cuba está aquí”. Con su mano derecha extendida, el abuelo dirigió sus dedos al corazón…

Y como del mundo común gallego seguimos hablando, de eso se trata, en reciente recepción diplomática habanera se acercó el amigo embajador de Paraguay, historiador de fuste: “José María te presento a un paisano. Sergio Guerra Vilaboy, director de la cátedra de Historia de la Universidad de La Habana. Sergio regresa de Bruselas, donde ha disertado, igual que antes en México, Rio de Janeiro, San José y muchos países más”.

Todo es posible. No acaba ahí la historia del historiador paisano. Sergio, 53 años de edad, nacido cubano, palabra fácil, amplio conocimiento, me explica que su familia procede de As Pontes. ¡Dios mío, todo es posible en Cuba! Le digo a Sergio: “Yo nací en As Pontes”.

Para un colegial, que yo era, en los Hermanos Maristas de La Coruña, tres eran entonces las capitales hispanas más importantes: Buenos Aires, Santiago y La Habana. De La Habana procedía Bohemia, la revista americana, en español, más importante, que ansiábamos. Y la radio continental más avanzada y la TV que inventó la retransmisión a distancia. Creatividad sin par. ¡Ay tiempos!

La imaginería de los hijos de Galicia luce, acaso como epitafio gallego del mundo presente, en el Cementerio Colón, segundo más importante de América, tras Chacarita, de Buenos Aires. El señorial camposanto habanero, donde yacen los restos de mi padre, es un ejemplo de hermoso homenaje a los deudos idos. Cada comarca de la tierra lejana elevó particular mausoleo a sus muertos, hoy recuerdo deteriorado, insensible.

Testimonio y símbolo. En este mes se cumple el 487 aniversario de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana. El himno de Galicia, expresión del gallego universal –una añeja placa lo estampa–, se estrenó en el sitio del colosal, majestuoso, edificio del Centro Gallego, centro de Centro Habana, testimonio y símbolo per- manente, heroica verdad, del quehacer singular de la raza celta, en la isla que cautivó, como ninguna, al también celta, y judío, gran navegante. Y fue motivo de la primera exclamación de gallega admiración.

Rodrigo de Triana gritó: ¡tierra! Y el compañero, marinero gallego, rubricó: ¡E mais si!, que, en idioma galaico, se traduce por ¡Es cierto! Punta Emaisi es el nombre de la parte más oriental de la isla. Punta que apunta a…. Galicia.

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