|
|
|||||
|
|
Santidades ocultas Víctor Hugo Munguía C. Presbítero Un especialista en información sobre asuntos eclesiásticos (que ojalá aquí fueran más abundantes) acaba de decir que quien juzga a la Iglesia sólo desde la óptica política se pierde lo mejor de ella. Me atrevería a parafrasearlo diciendo que quien juzga a la Iglesia por los pecados de sus sacerdotes, por los yerros de los políticos que se confiesan católicos, por los pecados cometidos en épocas pasadas por la Inquisición o las Cruzadas (para citar lugares más que comunes) o hasta por la plata que administra SAMA, se pierde lo mejor que tiene la Iglesia, por empecinarse en ver sólo una lado de la realidad. Quiero referirme a un lado de la realidad de la Iglesia que no está de moda, que no hace noticia, pero que es una verdad del tamaño de un templo: la Iglesia está llena de santidades ocultas, y contra facta non valent argumenta”. En noviembre todas las parroquias son testigos del final de los procesos de catequesis de niños. Naturalmente habrá por aquí o por allá alguna dificultad, pero eso no puede ocultar la belleza del trabajo de los catequistas, la colaboración de los padres de familia y el aporte de los mismos catequizandos. Tengo la certeza de haber visto con ojos admirados la generosidad heroica de catequistas y padres de familia para ofrecer a los niños y niñas la oportunidad de una experiencia bonita de Dios en el sacramento de la reconciliciación, en la profesión de fe y en la primera comunión. Esto es parte de la Iglesia Católica, aunque no sea noticia digna de engalanar las primeras páginas de ningún periódico. No son de portada. Sé positivamente que grupos de jóvenes de nuestras parroquias andan inventando convivencias, organizando retiros, promoviendo actividades que llenen de gozo y de Dios las vidas de sus coetáneos. Algunos de los líderes de estos grupos viven una santidad de vida personal que, si se publicara a los cuatro vientos, más de uno dudaría de la veracidad de ese relato. Para muestra dos botones: dos adolescentes, que “están jalando” (sit venia verbis), se me acercaron para decirme que querían prometerle castidad a Dios durante su noviazgo, moneda no tan corriente hoy. Y varias parejas de novios, ya profesionales, me han admirado diciéndome que tienen propósito de llegar vírgenes al matrimonio, y todo porque descubrieron las exigencias del Evangelio de Jesucristo. Esto es parte de la Iglesia Católica, aunque no sea noticia para las primeras páginas de ningún periódico. Existen en la Iglesia inmensas cantidades de papás y mamás heroicos, que dejan a pedazos de su vida en los esfuerzos de construir familias en las que amar es lo más normal del mundo. Existen abuelos y abuelas que, después de haber dado lo mejor de sí para construir sus familias, ahora dedican su tiempo a ayudar a sus hijos y nietos, y todavía participan en grupos de adultos mayores, para compartir sus experiencias y hacer más humana la vejez. Muchos llevan una vida de oración y de comunión con Dios que va más allá de la recitación rutinaria de oraciones. Esto es parte de la Iglesia Católica, aunque no sea digno de las primeras páginas de ningún periódico. Sin bombos ni platillos. En Costa Rica hay seis casas de religiosas de vida contemplativa, y hay muchas casas de religiosos y religiosas, que hacen servicios muchas veces heroicos, sin bombo ni platillos, sin ilusión de que se les reconozca su servicio, única y exclusivamente porque se enamoraron de Jesucristo y de su Iglesia. He conocido mucha gente santa entre ellos, que ni siquiera barruntaron que estaban viviendo en santidad, pese a que sus obras de amor muchas veces exigieron esfuerzos heroicos. Esto es parte de la Iglesia Católica… Nuestros obispos y sacerdotes, aunque solo sean interrogados por los medios para asuntos de política, de plata, de escándalos contra el celibato, en su abrumadora mayoría están al servicio de las comunidades, escuchando penas, aconsejando hacer el bien, organizando la “pastoral social”, evangelizando en el más puro sentido de la palabra, tratando de ser hombres de oración y tratando de vivir en santidad los compromisos solemnemente adquiridos el día de la ordenación sacerdotal o episcopal. También esto es parte de la Iglesia Católica. Si no se quieren ver las santidades ocultas que tiene la Iglesia, debe ser porque ella debe ocultar, como la Providencia Divina, en el silencio y en la discreción sus más bellas obras. Pero que existen esas santidades, ¡existen!
|
|
|||
|
© 2006. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |