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¿Qué pasó? La tragedia de la gasolinera en Escazú nos concierne a todosWilliam Araya Mora Bombero En el incendio en la estación de servicio Shell en Escazú, sucedió algo de lo peor que puede ocurrir a un papá o una mamá: dos niños murieron quemados frente a lo ojos de su madre. ¿Qué pasó? Mucho podríamos decir: “Fue un accidente”, “les tocaba”, “fue un descuido”, en fin, las salidas fáciles abundan. Para quienes trabajamos en prevención y control de incendios es una enorme tragedia. No tienen idea lo mal que como bombero se siente uno cuando esto pasa. Lamentablemente, nuestras actitudes en este y otro sinnúmero de situaciones de este tipo van desde lo indolente hasta –discúlpenme el término– el descuido extremo. ¿Es normal? ¿Cuántos hemos llegado a una gasolinera y hemos observado débiles normas de seguridad para atender una emergencia o para prevenirla? Se requieren extintores portátiles (¿sabe alguien usarlos efectivamente?), material para absorber y neutralizar derrames y, sobre todo, una actitud vigilante y estricta respecto a la seguridad humana, que no va solo en el personal de la estación de servicio sino en cada uno de nosotros. Miramos (y lo hacemos) como normal el hablar por celular, el derrame de combustible, que suban un auto en una rampa para sobrecargarlo de carburante, desobedeciendo lo que los fabricantes dicen respecto a dejar un espacio para la expansión y contracción del líquido. Otro tanto hacemos precisamente cuando hay niños sin supervisión en los carros. ¿Cuántas cosas más les podría relatar de lo que sucede en las estaciones de servicio y que por mera casualidad no terminan como en la Shell de Escazú? Crítica exigida. Cuando las tragedias pasan ya no hay nada que hacer; por eso, los invito a ser más críticos de su seguridad. Exijámosla como parte de los servicios y bienes que adquirimos. Este cambio, aunque sea gradual, tiene que ser exigido y apoyado por todos. Puede que mis palabras sean recibidas solo al calor y de lo sucedido, pero está más que demostrado que es así solamente como reaccionamos y nos conmovemos. Para quienes trabajamos por la seguridad de la población, es fundamental que se atienda el llamado de prevención activa, vigente y permanente. ¿Qué pasó? Todos tenemos la palabra. Los invito a reflexionar; lo de Escazú no debería repetirse.
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