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Sobrerreacción editorial

Las encuestas deben mostrar transparencia, como también deben hacerlo los políticos

Francisco Antonio Pacheco
Presidente de la Asamblea Legislativa

En mi ya larga participación en la vida pública del país, pocas veces he visto un ataque más violento y desproporcionado por la puesta sobre la mesa de discusión de un tema, que el que me lanza hoy el editorial de La Nación. Es tan violenta la respuesta a las dos mociones sobre regulación de las encuestas que presenté en la Comisión de Partidos Políticos y que fueron aprobadas, que pareciera inútil debatir al respecto, ofrecer razones para que sean examinadas, considerar puntos de vista. El editorial está concebido para atacar, casi diría para denigrar, y no para abrir una ventana al examen sereno que demanda el asunto.

El editorialista pasa por encima de una posición sistemática de defensa de la libertad de expresión, de prensa y de información del suscrito, para rebajar sus propuestas a un intento de “violar, meticulosamente, cada aspecto de este derecho humano fundamental”. Casi, a lo Goebbels. Y esto a pesar de que a varios de los periodistas que se han ocupado del asunto, les constan mis posiciones sobre este tema, siempre del lado de la libertad. Pueden pedir informes, si no los tienen, a la directiva del Colegio de Periodistas que conoce lo que opino al respecto. De aquí el estupor que me ha producido la “sobrerreacción” del editorial que opta por la andanada de frases ofensivas en vez de promover el análisis sereno.

Con el respeto que me merece el periódico, mucho mayor que el que yo le merezco al editorialista, pienso que el asunto debe ser examinado racionalmente. Así lo hemos hecho algunos miembros de la Comisión, informalmente, durante es-tos días, después de las primeras reacciones recogidas. Algunas críticas nos han puesto a pensar en la necesidad de introducir variantes a la propuesta original, pero eso será asunto de los integrantes de la Comisión y no solo del suscrito.

Desde hace un par de días les he propuesto a algunos de ellos que invitemos a algunas personas con conocimiento e interés directo en el asunto, para que externen sus puntos de vista. Una alerta al respecto hubiera sido suficiente para inducirnos a hacerlo.

Algún orden. No veo relación alguna entre el tema y la censura previa, ni veo que guarde relación con la libertad de expresarse. De acuerdo con las mociones, a nadie se le impediría ofrecer puntos de vista, ni siquiera dar datos. Lo que sí se requiere es algún orden y, sobre todo, transparencia, mucha transparencia. ¿De dónde proviene el temor a ofrecer los datos que apoyan lo dicho por una encuesta? ¿Por qué resulta ofensiva la obligación de entregar los datos básicos necesarios para juzgar su valor? ¿No tienen acaso, las verdaderamente serias, apoyo científico suficiente? A los políticos se nos pide transparencia cada día, y esto está bien; pero también las encuestadoras, según creo, tienen el mismo deber.

Nadie puede negar los trastornos que han surgido de un manejo irresponsable de las encuestas. La lamentable situación que se produjo con motivo de las elecciones en que participó don José Miguel Corrales como candidato, ha quedado inscrita como una marca imborrable en la conciencia nacional; pero hay más. Muchas veces, durante una campaña, aparecen charlatanes que presentan datos montados falsamente, para sorprender al público. Se confunde a menudo la encuesta telefónica hecha al azar, sin muestra o por llamadas voluntarias del público, con la encuesta formulada seriamente, basada en requerimientos técnicos.

Ingenuamente, pensé que las mociones serían recibidas con beneplácito por las empresas encuestadoras de mayor seriedad. Y quizá sea así. ¿Por qué no llevar un registro de las empresas que se dedican a la materia, tal como se hace con las imprentas? ¿Podrán todas las entidades que hacen encuestas, acreditar su seriedad? ¿Qué hay de perverso en introducir garantías en esta materia, no para los partidos, sino para los ciudadanos? ¿A quién se le está impidiendo, con la propuesta, buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole? El derecho a mentir y falsear la realidad, la falta de transparencia son otra cosa. Admito, sin embargo, que puedo estar equivocado en mi análisis –siempre parto de esa suposición– y haré lo que esté a mi alcance para que la Comisión ilustre su criterio sobre esta y otras cuestiones relacionadas con el asunto, antes de proponer al Plenario sus conclusiones.

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