|
|
|||||
|
|
Enfoque Jorge Vargas Cullell jovargas@nacion.com Heidi era una simpática niña suiza que vivía con su abuelito en una cabaña muy prolija. Tenía un rebaño de ovejas y era feliz corriendo con su amiguito por los verdes potreros que quedan entre los Alpes nevados. Una vez, Heidi se encontró con Alicia, una niña inglesa que venía de conocer el País de las Maravillas. Casi de inmediato, Heidi y Alicia se hicieron muy amigas. Alicia contaba unos cuentos increíbles pues había recorrido mucho mundo. Heidi escuchaba boquiabierta las historias sobre Humpty Dumpty (el huevo parlante), el Rey de Espadas y el gato sonriente. Cada cuento era mejor que el anterior, y Heidi imaginaba lugares fantásticos que –una pena para ella, siempre estaban más allá de los Alpes. Esas montañas, aunque bonitas, no dejaban de aburrirla un poco. Un día, Alicia le contó: “En una tierra muy remota llamada Centroamérica, el 15 de noviembre de 2006, los presidentes firmaron un acuerdo que declaró a Centroamérica zona transparente y libre de corrupción para el año 2010, en el marco de la XII Conferencia Internacional Anticorrupción que se celebraba en la ciudad de Guatemala”. Heidi la interrumpió, asombrada: “¿Qué significa ser ‘libre de corrupción’: que no haya corrupción o que esta crezca libre y fecunda?”. Alicia contestó: “No, Heidi, significa que los presidentes se comprometieron a erradicar la corrupción en pocos años, de un solo tiro”. A Heidi se le humedecieron los ojos y, conmovida, exclamó: “¡Qué personas tan nobles y visionarias! ¿Queda muy lejos esa feliz tierra? Quiero irme a vivir allá”. Alicia repuso: “Mirá, Heidi: mejor quedate en Suiza. Recordá que tu país obtuvo el primer lugar en el Índice Internacional de Competitividad que cada año publica el World Economic Forum. Consultá el sitio de Internet del INCAE para más información. Centroamérica queda muy lejos, ahí piden visa y, en todo caso, los únicos que pueden darte el pasaporte a la felicidad son los presidentes, que son personas muy ocupadas. Veo difícil que atiendan a una niña suiza”. El Lobo Feroz pasaba por allí con unos tragos de más y con la panza llena por haberse comido a Caperucita Roja. Venía de otro cuento y, gracias a la Comunidad Europea, viajaba sin necesidad de pasaporte. Oyó la historia de Alicia y desde lejos gritó: “No le haga caso a esa gringa, mamita; venga conmigo, que yo le enseño dónde queda Centroamérica”. Heidi se fue con el lobo y vivió feliz para siempre (o eso quiero pensar yo, aunque nadie la ha vuelto a ver), y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.
|
|
|||
|
© 2006. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |