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Boxeo El peso completo extendió su invicto a 18 victorias, 15 de ellas por la vía rápida Paco Vargas Para La Nación Al calor del ritmo contagioso de Party Up, de DMX, Carl Davies Drummonds subió el lunes por la noche al ring del hotel San José Palacio y en solo dos asaltos noqueó al ansioso panameño Arsenio Cuesta. La frustración fue para el peso completo visitante, quien se preparó a conciencia para la revancha, con más de 20 libras menos de peso corporal. No obstante recibió una dosis similar a la del 20 de marzo pasado, cuando cayó por primera vez en el primer round y besó la lona definitivamente en el segundo asalto. La decimoctava victoria consecutiva del invicto Davies reafirma su sólida ruta y en nada contradice su evidente progreso de poder mental, una de las principales cualidades del pugilismo. Tres de los últimos triunfos del limonense fueron por decisión, prueba irrefutable de su madurez sicológica. Davies ha dejado de ser el ansioso o descuidado pegador que buscaba el golpe de gracia como recurso absoluto y motivo por el cual logró diez victorias por la vía rápida en el inicio de su carrera. Siete de ellas fuero en primeros rounds. “Ahora boxea”, dice el ufano entrenador de Davies, Ezequiel Obando, respecto a los saldos favorables en las tarjetas ante boxeadores de mayor envergadura, entre ellos el argentino Mariano Ocampo y el estadounidense Earl Hayes. “Es increíble el carisma o la atracción que ha logrado ejercer Davies Drummonds. “Siempre está asediado por gran cantidad de seguidores y seguidoras, todos en busca de autógrafos o fotografías junto al púgil”, comentó el periodista deportivo Arnoldo Rivera, tras el combate, estelar de una de las carteleras más agradables del año. En ella se rindió homenaje a Ray Tico y Duvalier Quirós, ganador de Viña del Mar 2002 con el tema La Negra. Así es. Davies, noqueador de 31 años de edad, ha comprendido que por ser una figura popular en el boxeo debe disimular la brutalidad del deporte con formal paciencia y estoicismo dentro del ring y corresponder con una sonrisa y la serenidad del ánimo fuera del tinglado. Ciertamente, por toda la violencia que Davies ha desatado contra sus rivales en su fructífera carrera, se ha convertido en un pugilista tan carismático como lo fueron en su época Tuzo Portugués o José Isaac Marín. Y, no por paradoja o incongruencia, sino por obvia inteligencia o afán de no disentir. Davies tampoco descuida fuera del cuadrilátero la elegancia, la serenidad, la voz baja y pausada y la empatía que crea su perenne sonrisa. El sentido deportivo de Carl tampoco se ha disipado al aceptar una pelea de revancha contra un peleador panameño, a quien había liquidado en dos rounds justo ocho meses atrás. “No me opongo a las peleas, esto lo decide Efraín (Vega, presidente de Promobox) y yo solamente acato. Después de esta noche quedaré a la espera de mi próxima cita con la empresa Warriors Boxing, a mediados de enero”, expresó Davies.
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