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El problema de Costa Rica José Andrés Díaz González Politólogo Es curioso que en Costa Rica todos suframos del mismo mal, pero nos neguemos a aceptarlo. En “Llamado a la sedición” (Foro, 10/10/06), el señor Tonatiuh Solano dice que un grupo de dirigentes sociales intenta engañar a los costarricenses con argumentos falaces e ilógicos, sin respaldo técnico. Eso puede ser cierto en unos casos y se aplica a cabalidad a ciertos dirigentes de la clase política. La reciente elección nacional, en vez de caracterizarse por una discusión seria de las ideas que los distintos candidatos y agrupaciones consideraban lo más conveniente para el país, se tornó un despliegue de –me permito parafrasear al señor Solano– “argumentos demagogos, irresponsables y carentes de sentido lógico o técnico”. Lo peor es que muchos individuos que usaron la estrategia que el señor Solano condena, nos gobierna hoy. Espíritu. Pero hay un punto del comentario que me preocupa aún más: considera las elecciones nacionales como un juego de suma cero. Debo discrepar totalmente porque, entiendo, considera que el pueblo eligió por mayoría a sus representantes y, por tanto, debe dárseles carta blanca para que hagan lo que crean necesario, sin consultar al pueblo. Esto contradice el espíritu de la democracia. Es cierto que solo un grupo político accede a la Presidencia de la República, pero 8 partidos están representados en la Asamblea Legislativa. Por tanto, más que un juego de suma cero, lo que pasa en el Congreso podría (o debería) asemejarse más a un óptimo de Pareto: las decisiones que tome deben buscar el mayor beneficio para todos los grupos sociales y sectores, sin perjudicar a ninguno. Incapacidad. Entonces, el problema no reside en que los movimientos sociales deseen intervenir en la política nacional –indispensable en una democracia que va más allá de lo procedimental– sino en la incapacidad de los líderes sociales y políticos de lograr un diálogo enmarcado en respeto, compresión y asertividad mental que les permita encontrar un punto de encuentro a los intereses de los diferentes grupos. Por tanto, culpar a la dirigencia de los movimientos sociales de paralizar al país no toma en cuenta todas las variables. Si se tratara de buscar culpables, se debería señalar primero a los dirigentes y actores políticos, que tienen obligación constitucional de basar su accionar en la búsqueda del bienestar de toda la sociedad: eso incluye a los movimientos sociales y sus dirigentes; y, por ende, deben gobernar para toda la sociedad y tomando en consideración la opinión, intereses y necesidades de todo los individuos, no solo la propia o la de un grupo. Sencillamente, el problema de Costa Rica es de liderazgo y dirigencia.
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