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Mujer de dos siglos

Las nuevas generaciones deben inspirarse en estos ejemplos

Marta Eugenia Pardo A.
martaeugeniap@gmail.com


A quienes atemorizan el envejecimiento, como si los años acumulados fueran una carga, olvidan la capacidad innata de las personas para cambiar y adaptarse. Construimos la historia porque somos agentes, participantes activos en procesos de transformación, de la infancia a la vejez.

Flora Angulo de Pardo celebra 90 años. Mujer de cuatro generaciones, con raíces en su natal Puntarenas y los ojos en busca de nuevos horizontes en su infatigable caminar. Las nuevas generaciones deben conocer estos modelos e inspirarse en ellos. Esta es la razón de estos recuerdos.

Su biografía atraviesa dos siglos: nació en los tiempos de la cocina de leña, los coches tirados por caballos, el tranvía, los primeros aviones –que sobresaltaban el corazón de las abuelitas–, del teléfono manejado manualmente por operadoras, el telégrafo y los viajes en barco. Su infancia y adolescencia fue un ir y venir entre San José, Heredia y Puntarenas, viajes que alimentaron su imaginación y espíritu inquieto.

En esos tiempos, las mujeres se preparaban para ser esposas, madres, amas de casa. Las más decididas soñaban con entrar a la Normal en Heredia. Esa fue su elección, su segunda cuna, donde nació la maestra de primaria, profesora de Matemáticas en educación secundaria, y formadora de docentes en los programas del Ministerio de Educación.

Desde las tiendas de APSE, libró nuevas batallas para mejorar las condiciones de los educadores y promover la excelencia en la educación. Visitó sin tregua los colegios, conoció las necesidades apremiantes en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Su voz se escucha con atención y respeto, posee la sabiduría de la historia.

Mano sabia y amiga. Fue regidora en la Municipalidad de San José. Fiel a su compromiso con la educación, luchó por mejorar los programas de becas en el municipio y beneficiar a los más necesitados. Las mujeres trabajadoras en el sector informal de las ventas ambulantes encontraron en ella una mano amiga. En la Comisión de Festejos Populares, con su capacidad organizativa y su honradez intachable, logró multiplicar las ganancias para el Hospicio de Huérfanos.

Mientras, el tranvía desapareció, las calles se inundaron de autos y aparecieron los “camiones” o “cazadoras”, llamados más tarde buses. San José todavía estaba habitado, pleno de vida. En las afueras crecían las zonas urbanas entre cafetales, con nuevos paisajes sociales, y llegaron entonces los primeros aparatos de televisión. Sin embargo, el mundo aún caminaba despacio.

Como viajera incansable, expandió sus horizontes más allá del país y del continente. En México, Venezuela, Colombia, Nicaragua, representó al país, como mujer, educadora y trabajadora, en diferentes congresos, conferencias y simposios, gracias a los méritos acumulados.

Aquella mujer que nació en tiempo de los coches tirados por caballos, se moviliza hoy por los más grandes aeropuertos con la misma naturalidad y energía que corría por las calles de arena de Puntarenas, en el siglo pasado. Aprendió a manejar siendo adulta y, de vez en cuando, utiliza una calculadora, aunque prefiere el cálculo mental, como aprendió de niña. Desde la comunicación por telégrafo y los primeros teléfonos, entró al mundo digital de las computadoras, de Internet, del correo electrónico, de los teléfonos celulares.

Mujer de cuatro generaciones, como protagonista de la suya propia, madre luchadora de dos mujeres y dos hombres, abuelita orgullosa de ocho nietas y cinco nietos, bisabuelita afectuosa de ocho bisnietas y un bisnieto, Flora Angulo de Pardo, mujer de dos siglos, es un ejemplo para las generaciones jóvenes.

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