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¿Venderse no es corrupción?

Encandilado con absurdas promesas, el pueblo boliviano marcha hacia el abismo

José Brechner
Exdiputado boliviano


Para Evo Morales no se acabó la campaña electoral, como tampoco se le terminó a Castro ni a Chávez. En el más típico estilo totalitarista bananero, los tres mandatarios no modifican el discurso por más que hayan pasado más de 100 años desde que los comunistas empezaron a pregonar su torcido, irreal, criminal y fracasado sistema.

No importa cuál es la pregunta que se les haga, se salen por las ramas contestando con eslóganes que no tienen conexión con la cuestión en sí. Lo patético es que lo hacen frente a millones de televidentes y no faltan quienes aplauden.

Morales dijo haber consolidado la expropiación de los hidrocarburos bolivianos y habló de la “lucha” que libró el pueblo para lograrla, lo que definitivamente demuestra que el hombre vive en una realidad separada porque, en Bolivia, nadie ha tenido que luchar para permitirle hacer lo que le da la gana. La cumbre entre Kirchner, Lula, Chávez y Morales en Puerto Iguazú, para suavizar la despótica nacionalización, fue matizada con ese tipo de declaraciones y mostró la absoluta dependencia que tiene el presidente boliviano de su mentor venezolano. El locuaz napoleoncillo caribeño, que no tenía razón de estar en la reunión, salió a defender la medida y habló en vez de Morales, quien no sabía cómo eludir las preguntas de la prensa. El megalómano imperialista mostró que es dueño absoluto del gobierno boliviano. Evo parecía un párvulo a quien papá lo salvó de hacer un papelón mayúsculo. Pero papelón hubo y lo vio el mundo entero.

Trastornado jefe. Morales se vendió a Chávez y le entregó su país, pero, según el presidente boliviano, los vendidos son los demás. Hacerse financiar su campaña con dinero robado al pueblo venezolano, para él no es corrupción. Permitirle al Teniente Coronel participar en sesiones de gabinete no es injerencia externa. Que su trastornado jefe apoye descaradamente candidaturas en otros países y se entrometa en la política nacional de sus vecinos no es invadir la soberanía de los pueblos. Para los caraduras populistas, la milésima parte de eso es delito o pecado, solo si lo insinúan los demás.

La fortuna personal del “incorruptible” Fidel Castro asciende a $900 millones. La de Chávez, que se estima en miles de millones, se viene investigando en cuentas secretas de bancos isleños. Morales hace tiempo que es millonario gracias a su amo. Chávez es el más grande ladrón y corruptor que se conozca. Nadie ha utilizado los fondos de su país en forma tan arbitraria como lo hace el de Miraflores.

Más millonarios. El gobierno boliviano aprende velozmente de sus aliados a apropiarse de los bienes del Estado y dijo que ¡no confía en la Contraloría General de la República! Por tanto, creó un ente auditor interno en la resucitada Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos para observar su movimien-to económico. ¡Los administradores se fiscalizan a sí mismos! O sea que YPFB es la gallina de los huevos de oro que está convirtiendo en millonarios a los dirigentes del partido gobernante. Hicieron desaparecer de un zarpazo $30 millones al momento de expropiar la empresa que ahora no saben administrar eficientemente.

El contrabando a los países vecinos de los hidrocarburos subsidiados, efectuado en complicidad con los nuevos regentes, es monumental, y en Bolivia escasea el combustible.

Lo que para muchos aparenta ser la reivindicación de sus derechos y la recuperación de la potestad sobre las riquezas nacionales, no es más que una fachada para enriquecer a unos pocos burócratas. La fórmula ha sido usada anteriormente dejando al país en la miseria; pero el pueblo, encandilado con absurdas promesas, sigue marchando hacia el precipicio.

El país comienza a derrumbarse a una velocidad aceleradísima. Antes de que los bolivianos lleguen a atinar, estarán sumidos en la pobreza más extrema que hayan conocido jamás.

Si hubo quienes creyeron que Bolivia no podía estar peor de lo que estaba, pues están equivocados. Siempre hay lugar en el infierno.

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