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Algunas verdades del TLC El TLC es solo un instrumento que se debe manejar adecuadamenteFabio Carballo P. fabiocar@racsa.co.cr Abogado El TLC nos lo propuso los Estados Unidos porque, parafraseando a Condoleeza Rice, “la política exterior de los Estados Unidos se traza principalmente para beneficiar a los Estados Unidos; el que un país amigo también se beneficie es un efecto secundario que es bienvenido”. Es evidente que si EE. UU. no se beneficiara grandemente con este Tratado, no lo hubiera impulsado. Lógicamente, esto no implica que ese país sea el único que se beneficia. Algunas verdades: EE. UU. realmente no necesita de las exportaciones costarricenses para su existencia; nosotros sí. Lo que a EE. UU. no sirve es que sus vecinos se empobrezcan más de la cuenta, ya que eso resultaría en miles más de latinoamericanos que ingresan ilegalmente a ese país, con o sin muro. De ahí que no hay que santificar ni condenar al TLC. Protección necesaria. Un TLC es un instrumento y, como tal, es bueno o malo según el operario que lo usa. Un serrucho puede ser peligroso en manos de alguien torpe o que no usa la protección necesaria. Al contrario, ese instrumento, utilizado con destreza y con las medidas de seguridad necesarias, resulta una bendición. Es por eso que el TLC no es bueno ni malo. Muy poco se gana al marchar al ritmo de eslóganes vacíos, que no soportan ni un breve análisis. Contra lo que muchos políticos y sindicalistas creen, los costarricenses podemos pensar y hacernos preguntas solitos, y hay dos básicas: ¿tenemos la destreza necesaria para usar este instrumento? y ¿adoptamos las medidas de protección necesarias para no lastimarnos? La respuesta corresponde al Gobierno. Una de las mayores causas para que un TLC empobrezca a un país, en vez de enriquecerlo, es la falta de medidas proteccionistas respecto al capital golondrina y a las asimetrías que todo tratado conlleva. Fuera dogmas. Los gobiernos que menos dejan las cosas al libre mercado y que mejor protegen a sus ciudadanos a punta de leyes y de subsidios son EE. UU. y la Unión Europea. Costa Rica tiene el mismo derecho y la obligación de hacerlo. No admitamos que los “expertos” nos vendan cuentas de colores. Costa Rica ya era un país solidario y con conciencia social mucho antes de que inventaran el Fondo Monetario Internacional y otras ocurrencias. Más verdades: el ICE, la CCSS, el INS y AyA fueron grandes instituciones que contribuyeron a forjar a Costa Rica. Ya no. Utilizando como ejemplo el puerto de Caldera, que pasó de ser un desastre a funcionar eficientemente las 24 horas sin causar desempleo, busquemos que nuestras instituciones también den el salto. En conclusión, la pregunta no es si el TLC es bueno o malo: es si la agenda paralela que debería tener el Gobierno con el apoyo de la interpretación judicial nos augura que nos vamos a beneficiar –lo que razonablemente se pueda– o si, por falta de visión, por dogmatismo e ineptitud, nos están condenado a los lobos.
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