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Rescatar lo humano Nuestro desarrollo humano carece del sustento que lo vitalizaba años atrásJosé A. Montero Zárate ensolucion@yahoo.com Estudiante Los distintos órdenes sociales y económicos que vive Costa Rica nos muestran la profundidad, diversidad y contrariedad de los cambios que ha sufrido la nación. Aquel piropo a nuestro progreso, razón de orgullo patriota, producto del esfuerzo y entusiasmo de nobles ciudadanos, se nos cuela hoy en la desmemoria. La admirable garantía de nuestro desarrollo humano carece del sustento que lo vitalizaba años atrás. Hoy, nuestra tierra desborda en violencia y pobreza, no logra transitar por los caminos que la hicieron exitosa en un período cercano, y se ha consumido en la inacción colectiva y el inmovilismo político. ¿Qué nos ha pasado? Para comprender lo que sucede en estos días, Isaac Felipe Azofeifa, en un ensayo titulado La isla que somos, décadas atrás, se refería con duras palabras al pueblo costarricense como “un pueblo sin sentido trágico de la existencia”. Azofeifa señalaba la actitud destructiva y aniquiladora del tico preso del olvido de su generosa historia, y advertía: “Lo que más nos duele de todo es la cantidad de vida humana creadora, sensible, abierta al don de ser y crecer, digna de mejor destino, que se pierde en un país al que le brotó la autocomplacencia vacía”. Vale rescatar de ese aviso un hecho que goza de toda actualidad: nos desperdiciamos en nuestros mejores recursos, que no son otros que nuestra propia gente, y esto nos viene malgastando como nación. Lo humano de nuestro ser tico ha sufrido un cambio, y los valores mismos tan distintivos de los costarricenses han sido relegados o se han nublado temporalmente. El protagonismo propio. Analizando el recorrido que hacía el papa Juan Pablo II durante el Año Jubilar en diversos encuentros y celebraciones, el filósofo colombiano Jorge Yarse nos pedía observar una hermosa recomendación del Pontífice a no caer en una de las mayores enfermedades contemporáneas, como es el activismo estéril de querer cambiar el mundo sin cambiar nosotros primero: “Es importante que lo que nos propongamos –palabras del Papa– esté fundado en la contemplación y en la oración. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fácil de hacer por hacer” (Perspectivas de la Carta Novo Millenniun Ineunte, Cátedra Karol Wojtyla, 17/5/04). Con este mensaje, Juan Pablo II nos invitaba a resistirnos a la tentación de buscar hacer antes de ser. Es decir, nos lanzaba a descubrir la interioridad y la espiritualidad del ser de las cosas y de nosotros mismos ya que a veces, creo, naufragamos en una simple “buena voluntad” desaprovechada porque nuestras iniciativas carecen de alma para transformar las estructuras sociales y económicas. Costa Rica merece ser transformada desde dentro, y necesitamos que sus esfuerzos como país se destinen a orientar su identidad de nación hacia una concepción sólida del ciudadano entendido como ser humano y como persona. El desarrollo humano se nos vino a pique porque se nos olvidó lo humano. Urge rehabilitar y alimentar los valores humanos porque el mismo hombre responde con toda naturaleza a ellos si son bondadosamente promovidos. Ello nos conduce, como incansablemente lo repetía Juan Pablo II, a ser reflejo auténtico y fecundo de verdaderos protagonistas de nuestra vida familiar, social, laboral y académica en disposición de servicio, diálogo y entrega solidaria.
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