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Seguro y accidentes

La reforma a las leyes de seguros convenidas en el CAFTA constituirán ganancia

Thelmo Vargas
tvargasm@yahoo.com
Economista

La existencia de seguros podría alimentar lo que se conoce como “riesgo moral”, que es el aumento en la frecuencia, o en la severidad, de accidentes solo por el hecho de que se dispone de una póliza de seguro. La mayoría de las cláusulas de los contratos (por ejemplo, la de avería gruesa, vicio propio, coaseguro) tienen como propósito eliminar cualquier dosis de riesgo moral pues, a fin de cuentas, los seguros están llamados a proteger contra la mala suerte y no contra las malas prácticas. Serían socialmente perversos si se propusieran lo segundo.

Sin embargo, en el seguro contra accidentes automovilísticos en Costa Rica podría estar operando una importante dosis de riesgo moral, pues a los conductores asegurados no pareciera preocuparles mucho las consecuencias financieras de manejar a altas velocidades, adelantar por un carril donde no tienen toda la visibilidad e irrespetar las señales de tránsito. Las secciones de “sucesos” de la prensa así lo demuestran. Tal vez eso tenga que ver con que los asegurados consideran que los deducibles y los coaseguros típicos son bajos y que –en el peor de los casos– ellos podrán asumirlos sabiendo que el Instituto Nacional de Seguros (INS) paga lo demás. ¿Conduciría la gente con la misma imprudencia que hoy si tuviera que asumir la totalidad del costo de su imprudencia? Yo estoy seguro de que no.

Poco incentivo. La administración de los seguros no es independiente de las características del mercado donde se da. Un mercado monopolístico, como el de Costa Rica, no tiene mucho incentivo para discriminar adecuadamente por riesgo, pues –para efectos de tarifación– el asegurador único siempre puede poner en una olla común a grandes grupos de asegurados, sin temor a que se le vayan. Cuando eso se da, los buenos riesgos terminan subsidiando a los malos.

Por el contrario, un régimen de competencia, como el que Costa Rica se propone adoptar si se enmienda la legislación de seguros para hacerla compatible con el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (conocido como CAFTA por sus siglas en inglés), obligaría a todos los aseguradores a diferenciar entre buenos y malos riesgos; a premiar a los primeros y a recargar las primas a los segundos. Una forma de recargar las primas es elevando deducibles y coaseguros, de modo que el asegurado soporte costos mayores de los siniestros. Esto lo hará más cuidadoso al conducir. El asegurador que no aprenda a diferenciar y que opte por cobrar una prima única, rápidamente se llenará de malos riesgos y verá alejarse los buenos, quienes encontrarán mejores precios con otros suplidores del servicio. Su estado de resultados rápidamente le dirá que está procediendo mal.

Costos mínimos. La ventaja de un esquema de competencia se observa en todos los campos donde se dé. Tómese el caso del seguro sobre los riesgos del trabajo, que algunos consideran que no debe someterse a ella. En el tanto que se vea como un régimen solidario, como se hace en Costa Rica, un sistema monopolístico fácilmente lleva a que las actividades de alto riesgo sean subsidiadas por las de baja peligrosidad. Esto no tiene sentido social, pues a la sociedad más que la repartición de los costos de los accidentes, en el tiempo y entre personas, lo que le interesa es que sean mínimos. Estos objetivos (de repartición de costos y de minimización de ellos) lo logra mejor un régimen competitivo, que cobre primas según los riesgos de las actividades, pues los incentivos que tiene para premiar las actividades de prevención son mucho mayores que uno monopolístico de “solidaridad”.

La reforma a las leyes de seguros convenidas en el CAFTA, si se administran bien, ciertamente constituirán una ganancia para la sociedad costarricense.

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