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EDITORIAL

Un valor primordial

El bloqueo de las leyes complementarias para impedir la aprobación del TLC es la continuación, en el parlamento, de la “democracia callejera”
La posición de la jefa de fracción del PAC sobre las leyes complementarias no es razonable ni democrática


Los principales dirigentes del Partido Acción Ciudadana (PAC) han formulado recientemente diversas opiniones sobre el TLC. Estas versan sobre dos temas básicos: el contenido de este tratado, en estudio en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Asamblea Legislativa, y el marco institucional en que esta discusión debe llevarse a cabo tanto en el ámbito privado (manifestaciones públicas) como en el legislativo.

No es nuestro propósito, en este editorial, referirnos precisamente a las divergencias de criterio entre los dirigentes del PAC sobre aspectos específicos del TLC. Estas diferencias, al fin de cuentas, forman parte del rito democrático. Hacemos hincapié, más bien, en la cuestión determinante de la institucionalidad, cada vez menos apreciada en ciertos círculos del país, y cuyo menoscabo tiene siempre graves consecuencias. Este antecedente obliga a replantear este asunto y a permanecer vigilantes. En este campo, contrastamos las declaraciones, en estos días, del excandidato presidencial del PAC, Ottón Solís, y las del diputado Alberto Salom, por un lado, y, por el otro, las de la diputada y jefa de fracción de este partido, Elizabeth Fonseca.

El diputado Salom defendió el fuero institucional, en declaraciones a este periódico, la semana pasada, contra la posición desaforada de los dirigentes sindicales de ANDE y APSE, y algunos otros del ICE, en que desconocían las potestades legislativas y hasta la legitimidad del gobierno actual. Asimismo, en declaraciones a La Nación, publicadas el domingo pasado, el excandidato Ottón Solís insiste en “la ruta institucional y en jugar con las reglas que tiene el país”, como línea precisa del PAC. La diputada Elizabeth Fonseca, por su parte, declaró ayer en este periódico lo siguiente: “Estamos en contra de las leyes complementarias, y esa es una piedra más en el camino para la vigencia del TLC”. Y, para que no hubiera duda alguna sobre el alcance de sus palabras, agregó: “Póngalo así”. Por cierto, el diputado Merino, del Frente Amplio, cuya ideología es bien conocida, anunció que se sumará al bloqueo de la agenda de implementación. El proyecto de Ley de Obtenciones Vegetales, parte de dicha agenda, ha sido la primera víctima de esta táctica.

El respeto a la institucionalidad no es un juego de palabras. Tampoco es vocablo de antojadizas interpretaciones, una de las cuales consistiría en circunscribirla a las manifestaciones callejeras o al orden público. El respeto a la institucionalidad abarca también, y sobre todo, la labor legislativa. Esto quiere decir que el bloqueo, el filibusterismo o “las piedras en el camino para la vigencia del TLC (póngalo así)” son también una forma de irrespeto a la institucionalidad y al propio sistema democrático. Estas formas arbitrarias de proceder no son sino el eco o la plasmación, en el parlamento, de “la democracia callejera” y, por lo tanto, peor que esta, por cuanto la calle no tiene los alcances del bloqueo parlamentario.

Además, la oposición a las leyes complementarias únicamente para entorpecer el TLC, como dice la jefa de fracción del PAC, ofende la razón. Se las mediatiza para un fin ulterior, el TLC. No tienen identidad propia. Se las identifica como simple instrumento de chantaje. La oposición por la oposición. Repetimos: no nos interesa ahondar en otras falacias de bulto, como afirmar que el resultado de las elecciones en EE. UU. facilita una renegociación del TLC, cuando, para cualquier persona medianamente avisada de la realidad política norteamericana, significa todo lo contrario. Nos importa, por ahora, destacar la honda divergencia en una cuestión capital: el rechazo de las tácticas sindicales callejeras, de parte de dos dirigentes, pero su aceptación en la Asamblea Legislativa por la jefa de fracción del PAC.

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