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Enfoque Jorge Vargas Cullell jovargas@nacion.com Rafita.com es el nombre de un carretón que deambula por San José cargado de cartones y papeles que recoge en calles y casas. Sin duda sería mejor que el carretón anuncia-ra el sitio web de Rafita (supongo que así se llama el dueño), en cuyo caso le propondría que el sitio se denominase www.rafita.com, aunque, claro está, él ya pensó en eso porque de otro modo no hubiera pintado el rótulo en cuestión; pero una cosa es querer, y otra es poder. En la jerga técnica, Rafita.com es parte del “sector urbano informal de baja productividad y escasa dotación de capital” que la Encuesta de Hogares del INEC registra como “subempleado invisible”. O sea: Rafita tiene un carretón con el que se la juega de palo a palo todos los días. En Costa Rica, casi un cuarto de millón de personas están como él. Doce de cada cien personas en edad de trabajar jalan hoy carretones o venden lo que sea en las calles de nuestro país. (En Centroamérica, las personas como Rafita son la mayoría de las y los trabajadores). Sabemos que los informales son personas condenadas a la pobreza. ¿Qué hacer para que Rafita.com se convierta en www.rafita.com? Rafita necesitaría acceso a Internet, la web debería ser fuente de negocios para él y, más importante, necesitaría entroncarse con una actividad económica que le permitiese generar mejores ingresos. Por ejemplo, organizar, junto con otros, una empresa de recolección de desechos para reciclado, con centros de acopio y rutas predefinidas que les permitiera aumentar el volumen transportado, todo en el entendido que a Rafita le interesara seguir en este negocio. Ideas loables, pero el asunto no es de soplar y hacer botellas: ¿como conectar a Rafita con Internet? y ¿de qué le sirve conectarse? Ya sé, no me lo digan (y mejor me adelanto): “Vargas: primero jale el carretón y después hable”. La cuestión relevante es, sin embargo, por qué no aspirar que a los rafita.com les sea posible y rentable conectarse a un mundo moderno. Hay muchas experiencias nacionales e internacionales que son útiles. En Costa Rica están los laboratorios de capacitación, los sistemas de microfinanzas, el INA, un sistema bancario de amplísima cobertura territorial, la capacidad tecnológica para impulsar la identidad virtual, e iniciativas privadas de formación empresarial; pero todo anda desconectado. Se requiere un gran esfuerzo nacional para ordenar las piezas de este ajedrez. Es de nuestro interés hacerlo pues, si no, seguiremos viendo cómo la pobreza se estanca y la desigualdad aumenta pese al crecimiento económico. ¡Cuidado con las rifas que nos estamos comprando!
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