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La Constitución en su día

Una norma de importancia en la vida de todos y en todos los órdenes de la vida

Luis Fernando Solano C.
Presidente de la Sala Constitucional

La Constitución Política es un cuerpo de normas, principios y valores fundamentales, por cuyo cauce debe correr la vida toda de la sociedad. Nos vincula a todos: tanto a los poderes públicos como a los sujetos privados. Su infracción debe considerarse antijurídica, de modo que puede ser reclamada y tutelarse judicialmente.

Entendemos a la Constitución como esa norma que dirige y orienta toda actividad en el Estado, por lo que, además de su condición de vinculante, tiene carácter de norma jurídica suprema, fuente de validez de todo el ordenamiento, creadora del poder, de su distribución y de sus límites. Por eso, con razón, algunos la denominan Carta Magna o Ley Fundamental.

Por eso también, hoy, en el Estado constitucional de derecho, aceptamos como consecuencia necesaria a un “defensor” ad hoc de la constitucionalidad, llámese Tribunal, Corte o Sala Constitucional, cuya misión es custodiar su integridad, frente a todos y sobre todos, con amplios poderes para ello.

Aunque lamentablemente este año se ha pasado por alto, es necesario recordar que mediante el Decreto Ejecutivo n.º 31.617-MEP, del 2004, se escogió el 7 de noviembre de cada año como el Día de la Constitución.

Instrumento formativo. Esa decisión se tomó como una forma de elevar la conciencia acerca de su importancia en la vida de todos y en todos los órdenes de la vida. Incluso el decreto dispone que el Ministerio de Educación incluirá en el calendario escolar la fecha indicada, para que se convierta en instrumento formativo para los estudiantes “en el conocimiento de sus derechos, deberes y libertades”.

¿Se habrá logrado? Al menos no hay signos visibles de que el MEP le haya dado la importancia que merece la fecha, y esa omisión nos desaira.

Qué diferencia con Polonia, país que celebra su Fiesta Nacional a propósito de la de su Constitución, que data del siglo XVIII. O con Japón, que dedica una semana completa a celebrar la suya.

Pensemos solo cómo se afecta el derecho a la educación de los menores que provienen de familias pobres cuando en las escuelas públicas, con mal disimulada tolerancia de las jerarquías y con diferentes pretextos, se cobran cuotas de matrícula, si la Constitución establece la gratuidad. Con esos cobros se inicia lo que luego desembocará en deserción escolar. O podríamos analizar cómo el derecho a la salud se ve menguado por la falta de planificación, exceso de burocracia o celos profesionales o institucionales (caso de los trasplantes de hígado), inaceptables en un sistema de seguridad social.

Y no digamos de la falta de transparencia de las diferentes administraciones públicas, cuando los ciudadanos acuden en procura de información de interés público y solamente reciben silencio o reticencias.

Estos ejemplos nos evidencian cómo debemos sentir y hacer nuestra a la Constitución, para conocerla, acatarla y defenderla. Al fin y al cabo, esa podría ser la actitud que nos defina como pueblo culto.

Ilegítimo reparo. Agreguemos, sí, que no resulta legítimo el reparo que algunos esgrimen contra la Constitución, alegando que es la de 1871 con parches, pues sea cual sea, por su capacidad para evolucionar e irse adecuando al paso del tiempo, hay que amarla y respetarla, no obstante que se estime necesario hacerle reformas puntuales y que, por supuesto, deberán llevarse a cabo con respeto absoluto del procedimiento que la Constitución establece, sin tentaciones de manosearla groseramente.

En lo personal, espero y deseo que los Poderes del Estado, o algunas entidades públicas que hacen gastos dudosos en la celebración de otras fechas menores, tomen nota de la urgencia de invertir en educación, valores y civismo. La Constitución será siempre una magnífica oportunidad.

Permítanme una observación final: el 7 de noviembre no solo es el cumpleaños de la Constitución, sino también fecha significativa en la historia costarricense, pues ese día de 1889, como dijo el recordado historiador don Carlos Meléndez, “significa el arranque de nuestra triunfante democracia”.

¿Por qué, entonces, no tomar dos motivos tan íntimamente relacionados, como Constitución y Democracia, para celebrar, reflexionar y fortalecernos como sociedad?

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