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Enrique Weisleder Ama el futbol, critica visceralmente la política y cultiva pasionalmente la amistadEnrique Obregón Valverde Abogado Hace 48 años, cuando me iniciaba, no tanto en las actividades políticas como en las matrimoniales, más complicadas y difíciles, salí con mi esposa a comprar una pequeña cocina eléctrica que mucha falta nos estaba haciendo. Llegamos a un almacén llamado Rilasa, frente a la plaza de la Artillería, y allí nos atendió un joven “polaco”, atento y servicial. Ante mis dudas y titubeos, se dirigió directamente a mi esposa y le preguntó: “Dígame, señora, ¿usted qué es lo que necesita?”. “Bueno –le contestó–, como necesitar, necesitamos de todo, porque no tenemos ni refrigeradora ni cocina, pero por el momento vamos a comprar una cocina pequeña”. “No –manifestó el insistente vendedor–, si usted necesita cocina y refrigeradora, de aquí no sale sin llevárselas, y de la mejor calidad”. Entonces, un poco molesto, intervine: “Mire, no he venido a comprar refrigeradora ni cocina grande, solamente una pequeña cocina; si usted la tiene, puedo comprarla; de lo contrario, iré a otro lugar”. Un día feliz. Pero aquel joven sabía psicología, por herencia, por tradición, y, además, era un excelente comunicador. Entonces nos propuso: “Ustedes se llevan los aparatos ya, de una vez, no firman nada. Me lo pagan en abonos mensuales que ustedes mismos fijarán”. Dos horas después en mi casa había refrigeradora y cocina y, además, aquel fue un día feliz en mi hogar. Así conocí a Enrique Weisleder y aquel negocio fue el inicio de una amistad que ha durado todo este tiempo, contando siempre con su trato amable, alegre e insistente, que no permite que la amistad se enfríe. Ahora, he sabido que el Centro Israelita Sionista de Costa Rica le ha otorgado la distinción Golda Meir para el año 2006 “por sus valiosos aportes dentro y fuera de la comunidad y hacia Israel”. Enrique es judío, pero no israelita. Él es ciudadano costarricense y está compenetrado de la esencia democrática de este país. Cuando llegó a Costa Rica, con su madre, muy niño aún, solo hablaba polaco. Con el tiempo, después de andar recorriendo pueblos, fincas y ríos en Cartago, con amiguetes como Jorge Luis Villanueva, aprendió nuestro particular español y olvidó su lengua materna. Mano extendida. Hoy es un costarricense más, amante del futbol, crítico visceral de la política y cultivador pasional de la amistad. En todos los sectores sociales, políticos y deportivos, tiene amigos entrañables, pues solo aprecia la parte buena y saludable de estas relaciones. Posiblemente no tenga enemigos pues él nació para extender la mano y compartir una abierta sonrisa. Enrique no tuvo oportunidad de estudiar ya que se vio obligado a trabajar desde joven. A cambio, aprendió a usar y desarrollar la inmensa inteligencia natural que Dios le dio. Su capacidad de análisis es sorprendente. Yo pienso que si Óscar Arias quiere saber en verdad lo que está sucediendo en este país, solamente tiene que reunirse con Enrique Weisleder una vez por mes. Con eso será suficiente.
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