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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Posiblemente, sea un domingo siete comenzar ciertas noticias sobre el rostro oculto del Campeonato Mundial de Futbol en Alemania. Sin embargo, no está mal recoger algunas informaciones internacionales sobre el fair play, que cuida a los hombres en la cancha, pero se olvida de las mujeres y de los niños fuera de los estadios. Bueno, a decir verdad, tampoco las dirigentes femeninas, salvo reconocidas excepciones, se desvelan por estos temas. Según la Confederación Internacional de Cáritas, como informa la agencia Zenit, muchas de las 40.000 personas "empleadas del sexo", que viajarán a Alemania para ofrecer servicios a los tres millones de aficionados al futbol que invadirán este país, lo harán contra su voluntad. La explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos no están reñidos con la cultura europea. Este negocio no es monopolio de los países bananeros, como dicen algunos periodistas de la vieja Europa. Allá también se cuecen habas y, a veces, a cantaradas. La prostitución -agrega la información- se legalizó en Alemania en el 2002. Unas 400.000 mujeres se dedican a estas faenas y sus ganancias ascienden a unos $18.000 millones. Al menos, tres cuartas partes son extranjeras, procedentes, en su mayoría, de Europa del Este. Muchas de ellas son indocumentadas. La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha denunciado que entre 30.000 y 40.000 mujeres jóvenes podrían ser víctimas de la prostitución forzada y los abusos sexuales en el Mundial en Alemania. Ya se han aderezado megaburdeles de 3.000 metros cuadrados y cuatro pisos con este fin. Según la Organización Internacional de Migraciones, unas 500.000 mujeres al día son víctimas del tráfico de blancas en Europa del Este, generalmente contra su voluntad, quienes trabajan como esclavas del sexo. Cierta publicidad dice que la vida de los hombres es más placentera si importan a jovencitas de los países del Este. El señuelo suele ser un trabajo bien remunerado. La FIFA no ha querido referirse a este tema en este Mundial, al menos como advertencia. Obviamente, este Mundial será también -así esperamos- una explosión de arte, amistad y paz, mas no por ello se ha de ocultar, en este mundo, el rostro amargo y sangrante del comercio y de la esclavitud de legiones de niños y de mujeres, que verán el Mundial, si pueden verlo, con otros ojos diferentes de los nuestros. Esta columna no es un episodio sádico para manchar el Mundial. Es solo un momento de humanidad.
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