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Costa Rica, ¿mundialista? Pablo Barahona Krüger Abogado Costa Rica está en el Mundial y eso es motivo de alegría, o al menos eso podemos decir hasta el momento. La suerte del tico hasta el guapo se la desea, podríamos parafrasear evidenciando la fortuna de la "Tricolor" al clasificar. Solo para el recuento: Concacaf, zona con más cupos a la cita mundialista en términos proporcionales que cualquier otra, fue ya la primera prueba de las des-calidades propias de "nuestro" futbol. La clasificación fue a la tica: dejando los pelos en el alambre. En traducción a la alemana, diciendo las cosas como son, Costa Rica es el país peor clasificado del Mundial. Pero Costa Rica realmente tiene a su Negrita, y de que la patrona cuida, cuida. Después de la confabulación de las circunstancias, ajenas completamente al esfuerzo, el partido inaugural invita. ¿Qué mejor vitrina de promoción para un país turístico? ¿Existe acaso alegría comparable para un pueblo que, salvo el futbol, carece de válvulas de escape? Riesgo y encargo. Antes de lo que sigue, me resulta inevitable un comentario que, sin embargo, permanece entre los que no se dicen, o al menos entre los que según algunos taimados navegantes de agua dulce, no deberían decirse. Un encuentro inaugural de envergadura mundialista sirve al país, y mucho, pero: ¿Le sirve a su futbol? Sí a los seleccionados. Se dejarán ver y buscarán dar el gran salto. Esto es comprensible y hasta aceptable en el tanto no antepongan dicho interés personal al de representación patria. Pero, si se lee bien, dicho encuentro es de doble piso. Enfrentar a una de las cinco mejores selecciones del planeta, y además en su cancha, con su afición y en su Mundial, puede evidenciar que el Tercer Mundo sigue estando muy por debajo del Primero. Ese es el gran riesgo y a la vez el enorme encargo de la Selección. ¿Lo tendrán así de claro los jugadores, entrenadores y dirigentes? Y es que las diferencias físicas no son las que valen. Quiero decir que todos son jugadores profesionales, de tiempo completo, que no hacen otra cosa que ejercitarse, alimentarse y, en general, vivir para el futbol. Bueno, también participan en desfiles de moda, almuerzos de honor con el Presidente y hasta en lucrativas publicidades. Parecido a los alemanes. ¿Dónde está la diferencia entonces? Pues donde suelen mediar las principales distancias entre los hombres: en la mente. La mentalidad. Si se compara el tico con en el fútbol brasileño, para que no digan que la tengo con los alemanes, se encontrará que la principal diferencia está en la mentalidad. La motivación de querer "golear" en todos sus partidos y no verse satisfechos con un "golcito" de diferencia. El no replegarse si van perdiendo, sino, al contrario, ir al frente. El pegarle a la pelota en cada disparo a marco o en cada pase con alto grado de precisión y no como si fuera un batazo "a ver cuál pega", el correr, no como desesperado, pero si como Roberto Carlos o nuestro excepcional (al César.) Tuma Martínez, detrás de cada pelota... eso, señores lectores, es mentalidad, no físico. La motivación, la elección de "sudarse la camiseta o no", es mental. No son las piernas las que mandan, es el cerebro. No es tampoco el apellido o el color del cabello los que meten goles o en definitiva los atajan. Las ganas, el coraje, eso sí que cuenta. En cada amenaza, por más que provenga de un Panzer alemán, de un Gallo francés o de un Águila gringa, esta la oportunidad. El reto de elegir cómo se aborda el riesgo, cómo se supera el desafío es una decisión que está en las neuronas y no tanto en la testosterona. Aquí el asunto está en si lo que exigimos son jugadores lúcidos o simplemente lúdicos. Si con su esfuerzo nos agradecen el que como costarricenses, todos, les prestemos la bandera, o si, por el contrario, con mediocridad mental, nos malvenden al mundo. La camiseta que lucen es muy grande, caben más de 4 millones de pechos henchidos. Solo queda esperar que la hagan ver apretada.
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