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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com Varias noticias marcaron pauta la semana anterior: la primera encuesta de opinión realizada después de las elecciones, el liderazgo de la Sala Constitucional en reforma del Estado, las declaraciones de Rodrigo Arias sobre impuestos y el reconocimiento a un exdiputado del PUSC por haber votado el plan fiscal. Todos ameritan una reflexión. Y todos exigen una explicación. La encuesta de Demoscopía publicada en Al Día marca, de nuevo, la polarización del electorado. El PLN representa la primera fuerza política (40%) y el PAC se consolida como principal partido de oposición (23%). Ellos se disputarán las próximas elecciones, a menos que surja una tercera fuerza política capaz de competir. La Unidad (6%) y el Movimiento Libertario (3,5%) no tienen, solos, ningún chance. ¿Les convendría fusionarse para poder jugar en primeras divisiones? Piénsenlo. La Sala IV estuvo en cartelera la semana entera con un papel estelar: reformadora del Estado. Logró lo que ningún gobierno, jerarca o partido había tenido las agallas de hacer: limitar los beneficios de las convenciones colectivas en el sector público por "irrazonables y abusivos", según su propio decir, y facilitó una movilidad "voluntaria" que no se veía desde el tiempo de Calderón. Hoy, la Sala le está haciendo la tarea a Hacienda y Planificación. Pero que no se atengan ni detengan. Reformar el Estado exige algo más que velar por la legalidad laboral. Debe ser comprensiva y bien estructurada para poner, de nuevo, el Estado al servicio del desarrollo. ¿Tendrán las agallas de la Sala Cuarta o se escudarán en alguna coartada? Rodrigo Arias dio declaraciones, el domingo, a La Nación que llenan de inspiración. Dijo estar dispuesto a redefinir el impuesto sobre la renta para evitar daños y considerar otras opciones en temas aledaños. Agregó que siempre prevalecería una actitud responsable frente a la situación macroeconómica ¡Bien dicho! Pero del dicho al hecho... El plan fiscal es más confuso que las relaciones de ciertos exdiputados del PUSC con Liberación. Una de ellas, en particular, me causó indignación. Al final de la legislatura anterior, cuando era ya muy evidente el triunfo de Arias y se sabía que los nuevos impuestos solo lo beneficiarían a él, califiqué de ingenuos -sí, ingenuos- a los diputados del PUSC por haber votado la reforma en primer debate y garantizarle la vía rápida, minutos antes de partir. Ya circulaban rumores de que, a algunos, algo les habían ofrecido. Yo no lo podía creer. Pero el domingo, en La Nación, leí que a uno de ellos, feroz defensor del plan fiscal, le ofrecieron un puesto de asesor. El ingenuo era yo.
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