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EDITORIAL

Colombia, con esperanza

La convicción y conducta democráticas de los colombianos justifican la esperanza


La contundente reelección de Álvaro Uribe a la Presidencia de Colombia, el domingo, refleja una doble decisión de sus conciudadanos: por un lado, de respaldo a la gestión realizada durante los cuatro años de su primer mandato, sobre todo en los ámbitos de la seguridad y al economía; por otro, de confianza en que, bajo su liderazgo, sus estrategias gubernamentales deben continuar durante otro cuatrienio, para seguir avanzando en la difícil tarea de doblegar la violencia, superar la postración, impulsar el progreso y reforzar el carácter democrático de la sociedad y las instituciones colombianas.

Uribe obtuvo el 62% de los sufragios, con lo cual se convirtió en uno de los candidatos más votados en la historia republicana de Colombia. Y, aunque el abstencionismo alcanzó el 54,9%, una cifra alarmante para los estándares de otros países, no se alejó significativamente de la tradición colombiana (por ejemplo, 53,5% en el 2002), por lo cual la legitimidad y fuerza de su mandato tienen una fuerza inusitada. A esto se añade su sólida mayoría en el Congreso, alcanzada en las elecciones legislativas de enero, cuando "Primero Colombia", el grupo de partidos que lo respalda, conquistó 61 de los 102 puestos del Senado y el 57% de los votos en la Cámara de Representantes.

Estos resultados, además, han transformado, quizá para siempre, el alineamiento político-partidista de Colombia, tradicionalmente definido en torno a los Partidos Liberal y Conservador. Los conservadores, ya de por sí débiles, se han desdibujado aún más como simples integrantes de la coalición gubernamental. Los liberales, que nuevamente llevaron como candidato a Horacio Serpa, pasaron al tercer lugar, con el 12% de respaldo. El segundo puesto, aunque muy lejos de Uribe, lo ocuparon Carlos Gaviria y el Polo Democrático Alternativo (22%), coalición de izquierda aún poco definida en sus propuestas. Todo esto abre nuevas interrogantes y posibilidades sobre el futuro político colombiano, pero, más importante aún, reafirma la capacidad de su sistema para abrir cauces y opciones a las corrientes de opinión, las fuerzas sociales y las aspiraciones ciudadanas. Es decir, a pesar de la violencia, la democracia colombiana se mantiene sólida y vibrante.

En medio de esta fluidez, la gran confianza y el enorme poder que, justificadamente, los colombianos han dado a Uribe, le otorgan similares cuotas de oportunidades y responsabilidades frente a los retos pendientes. El esencial, en este momento, es el conflicto armado. Con un razonable respeto de los derechos humanos, su primer Gobierno retomó el control territorial del país, redujo los índices generales de violencia, desmovilizó al más poderoso grupo paramilitar, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), y logró el cese de hostilidades y el inicio de negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Fue también eficaz en contener al mayor grupo narcoterrorista, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); sin embargo, este aún se mantiene con una gran capacidad de acción y destrucción. El Presidente está ahora en una posición privilegiada para abrir el camino hacia el cese definitivo del conflicto, mediante una combinación de iniciativas políticas y militares.

El segundo gran reto es económico y social: continuar la recuperación económica en curso, mejorar las posibilidades de empleo, reducir los índices de pobreza, ampliar la cobertura de los programas sociales y cerrar brechas entre sectores y regiones. A esto se añade, como un tercer imperativo, la necesidad de ampliar y consolidar el Estado de derecho, algo particularmente difícil de lograr cuando, paralelamente, existe un conflicto armado.

Por el desempeño ya probado, por su liderazgo, por la solidez de su triunfo y, más importante aún, por el empuje, creatividad y convicción democrática de los colombianos, las posibilidades de seguir adelante son, hoy, mejores que nunca. Por esto, confiamos en que, como dijo el presidente Uribe en su mensaje del triunfo, al fin Colombia "conquiste el bien y sea perdurable". El desafío es grande. Las posibilidades, también.

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