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Sala de Redacción Benedicto XVI abogó por la reconciliación y el perdón en visita a Auschwitz 03:56 PM hora local Cracovia/Auschwitz, Polonia (DPA). El papa Benedicto XVI llegó hoy al campo de exterminio nazi de Auschwitz, la última estación de su viaje de cuatro días a Polonia, en donde abogó por la reconciliación y el perdón. "En este lugar faltan las palabras, sólo puede hacerse un respetuoso silencio", dijo el pontífice frente al monumento en homenaje a las víctimas del nazismo. El alemán Joseph Ratzinger había atravesado en solitario, con rostro serio y las manos juntas, el portal del campo de concentración con la inscripción "Arbeit macht frei" ("El trabajo libera"). Seguido de altos representantes del Vaticano y de la Iglesia católica polaca, el Papa recorrió en silencio la avenida central del complejo hasta el llamado "bloque de la muerte". Sólo el sonido de campanas interrumpió el silencio mientras el jefe de la Iglesia católica, de 79 años, y su séquito atravesaban el campo de concentración, un símbolo del terror nazi y del Holocausto. Delante del "muro de la muerte", contra el que fueron ejecutados miles de prisioneros, el Papa oró en silencio y luego hizo una profunda reverencia. Benedicto XVI permaneció largamente, con expresión seria y casi sin pestañear, ante las 22 placas conmemorativas en diversos idiomas que recuerdan a las víctimas de muchas nacionalidades. Precisamente en ese momento se formó un arcoiris en el nublado y gris cielo polaco. Hablar en este "sitio del espanto" es particularmente difícil para "un Papa que viene de Alemania", admitió Joseph Ratzinger. El pontífice habló frente a sobrevivientes de este campo de concentración y judíos de todo el mundo, muy cerca del crematorio en el que más de un millón de prisioneros, en su mayoría judíos, fueron asesinados. "En este silencio hacemos una reverencia (...) ante la innumerable multitud que sufrió aquí", dijo. Dos exprisioneros le entregaron una vela, que el jefe de la Iglesia católica encendió delante del muro. Un grupo de 32 exprisioneros, entre ellos polacos, judíos y gitanos, se encontraba de pie en fila delante del bloque, cuyas ventanas estaban cubiertas con tablas de madera. Ratzinger saludó personalmente uno por uno a los ancianos hombres y mujeres, que llevaban pañuelos en los colores azul y blanco de los prisioneros y carteles con su número de internos. El Papa besó en las mejillas a un anciano y acarició las manos de una mujer cuando intercambió algunas palabras con ella. En el sótano sin ventanas del bloque de la muerte, acudió posteriormente a la celda del padre franciscano Maximilian Kolbe, que eligió morir para salvar a un padre de familia y fue beatificado en 1982.
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