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Presunta matanza de civiles iraquíes pone en jaque a EE. UU.


Por Roberth Reid
AP

Bagdad. El ejército estadounidense está preparándose para una escándalo de magnitud por el presunto asesinato de unos 24 civiles iraquíes a manos de infantes de la marina, acusaciones tan graves que podrían amenazar los esfuerzos del presidente George W. Bush para conseguir apoyo a una guerra cada vez más impopular.

Y si bien el caso aún ha llamado poco la atención en Iraq, podría incrementar la oposición a la presencia de los soldados estadounidenses en momentos que el flamante gobierno iraquí se está organizando. Podría además complicar los esfuerzos de los líderes suníes moderados de acercarse a su comunidad, cimiento de la insurgencia.

Legisladores estadounidenses recibieron información de que la investigación penal por las presuntas matanzas en Haditha quedará finalizada en unos 30 días.

Pero un funcionario del Pentágono expresó que los investigadores creen que los infantes de la marina habrán cometido homicidios no intencionales con relación a la muerte de cerca de 24 personas en Haditha en noviembre.

Ante el advenimiento de una tormenta política, el funcionario de mayor rango en la infantería de marina, el general Michael W. Hagee, decidió viajar a Iraq para expresarle a los soldados que deben usar la fuerza letal sólo cuando está justificada, es proporcional, y aún más importante, legal.

Pero el de Haditha no es el único caso pendiente. El miércoles, el ejército anunció una investigación sobre las alegaciones de que los marines mataron a un civil el 26 de abril cerca de Faluya. El comunicado no ofreció otros detalles, salvo que varios miembros del servicio han regresado a Estados Unidos a la espera de los resultados de la investigación penal.

En julio pasado, el embajador iraquí en las Naciones Unidas, Samir al-Sumaidaie, acusó a los marines de matar a sangre fría a su primo de 21 años durante un operativo realizado en la casa de su familia en Haditha, ciudad de unos 90.000 habitantes ubicada a las márgenes del Río Eufrates, a unos 225 kilómetros al noroeste de Bagdad.

El ejército ordenó una investigación penal, pero aún no se han anunciado los resultados.

Juntos, los casos representan el desafío más importante para el manejo de la guerra en Iraq desde el escándalo de los abusos de prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib, que Bush dijo fue el mayor error que ha sucedido hasta ahora, al menos para el desempeño de Estados Unidos en Iraq.

Lo que sucedió en Haditha pareciera ser un homicidio indiscutible, expresó Marc Garlasco, del grupo Human Rights Watch. Tiene el potencial de explotar en la cara del ejército estadounidense.

Dijo que la masacre de Haditha calará tan hondo como My Lai, refiriéndose al incidente de la Guerra de Vietnam en el que soldados estadounidenses mataron a unos 500 civiles en 1968.

El caso de Haditha incluye tanto la presunta matanza de civiles como el supuesto encubrimiento de los hechos del 19 de noviembre.

Ese día, el soldado Miguel Terrazas, de 20 años y oriundo de El Paso, Texas, murió en un ataque con una bomba colocada en una carretera de Haditha, una ciudad suní considerada como una de las áreas más hostiles de Iraq para las fuerzas invasoras.

Tras la explosión, un grupo de insurgentes atacó una patrulla conjunta de iraquíes y estadounidenses con disparos de armas cortas, desencadenando un tiroteo en el que fallecieron ocho insurgentes y 15 civiles iraquíes, dijeron los marines en un comunicado difundido al día siguiente.

Esa fue la versión que prevaleció durante cuatro meses, hasta que fueron reveladas las imágenes de un vídeo grabado por un estudiante de periodismo iraquí, obtenidas por la revista Time y luego por canales de la televisión árabe. Las imágenes mostraban los cadáveres de mujeres y niños, muchos de ellos con ropa de cama.

Aunque el vídeo no mostró evidencias de que los marines fueran responsables, el ejército comenzó la investigación.

Posteriormente los residentes del área dijeron que los marines ingresaron a dos viviendas y mataron a 15 personas, entre ellas una niña de tres años y un hombre de 76, más de cuatro horas después del ataque dinamitero en la carretera.

No queda claro si han surgido dudas sobre las ocho personas muertas que los infantes de marina describieron como insurgentes.

En marzo, el teniente general Peter Chiarelli, el segundo comandante de más jerarquía en Iraq, manifestó que cerca de una docena de marines eran investigados por posibles crímenes de guerra. Tres oficiales de esa unidad fueron apartados de sus puestos.

Estos incidentes han reforzado la percepción que existe entre los iraquíes, que no creen lo que dice el ejército estadounidense.

Para muchos iraquíes, Estados Unidos no tiene credibilidad. No creemos que lo que dicen sea correcto, expresó el jeque Sattar al-Aasaf, un líder tribal de la provincia de Anbar, donde está Haditha. Los soldados estadounidenses están muy bien entrenados, y cuando disparan, no es al azar sino porque tienen una orden de matar a iraquíes. La gente dice que ellos son los asesinos.

Ayda Aasran, viceministro de derechos humanos, dijo que los iraquíes deberían ser autorizados a investigar los casos, algo que se ha negado a permitir el comando estadounidense.

Periodistas que permanecieron durante varios meses en Haditha junto a las fuerzas estadounidenses antes de la presunta masacre, dijeron que los marines consideraban a la ciudad como un territorio enemigo. Durante los patrullajes, los infantes de la marina trataban a los habitantes como si fueran terroristas, y allanaban sus casas.

Un periodista de la AP que viajó a Haditha en junio con una unidad de la infantería que no está involucrada con la masacre, vio a un infante de la marina orinar en el piso de la cocina de una casa y en otra ocasión fue testigo de cómo insultaban en inglés frente a la puerta de una casa árabe. El periodista le preguntó a un comandante de la fuerza sobre el incidente, y le dijeron que sería investigado.

Algunos analistas sostienen que la matanza de civiles también refleja la frustración que existe entre los soldados más jóvenes, que combaten en una guerra difícil sin final a la vista.

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