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Bachillerato a distancia conquista a 2.400 adultos Alumno de 62 años ingresó a sétimo y quiere ir a la universidadMayoría de estudiantes matriculados tienen entre 30 y 60 años Mercedes Agüero R. maguero@nacion.com Todos los sábados a las 4 de la madrugada Charles Thompson termina su trabajo de salonero en el bar La Caribeña, en Zapote. Sin tiempo para dormir, corre porque debe estar a las 8 a. m. en la escuela José María Castro Madriz, en barrio Córdoba, donde recibe clases de secundaria.
Thompson tiene 62 años, acaba de ingresar a sétimo año y tiene planeado terminar su bachillerato para luego estudiar Administración de Negocios. "Pienso que con un poco más de preparación puedo ponerme mi propia empresa", narró. Él es uno de los 2.463 estudiantes que se matricularon este año en el Colegio Nacional de Educación a Distancia (Coned). Un 40% de esa población estudiantil son amas de casa. También hay funcionarios de seguridad, obreros de la construcción, trabajadores de empresas turísticas y personas con discapacidad. La mayoría se ubican entre los 30 y 60 años, aunque el alumno de mayor edad tiene más de 70. El Coned es una nueva opción de estudio para personas mayores de 18 años que, como Thompson, por diversas razones no sacaron su bachillerato o del todo nunca pudieron ir al colegio. "No seguí la secundaria porque mi papá no podía pagarme los estudios y más bien debí trabajar para ayudar a mi familia. ¡Éramos ocho hermanos!", comenta. Estudios del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y del Consejo Nacional de Rectores (Conare) del año anterior, señalan que solo 33 de cada 100 personas mayores de 18 años habían finalizado su secundaria.
Mientras, las cifras del Ministerio de Educación Pública (MEP) indican que solo la tercera parte de los alumnos que ingresan a sétimo año terminan bachillerato. Para la viceministra de Educación, Alejandrina Mata, el Coned representa un esfuerzo del Estado por reducir esas cifras. Según dijo, el Gobierno está comprometido a elevar el nivel educativo de toda la población y por tanto le dará respaldo a esta modalidad para que no se extinga como ha ocurrido con otras iniciativas. "Tenemos una presa grande de gente sin bachillerato y miles de estudios afirmando que a mayor nivel de educación formal, hay mejor calidad de vida y mejores salarios. Por eso nos interesa apoyar estos proyectos", manifestó. El Coned fue aprobado en junio del año anterior por el Consejo Superior de Educación. Su implementación está a cargo del MEP, que aporta los profesores, y la Universidad Estatal a Distancia (Uned), encargada del plan de estudios y la parte administrativa.
Actualmente, funciona en ocho sedes: San José, Heredia, Liberia, Nicoya, Limón, Turrialba, Palmares y Ciudad Neily. Los estudiantes acuden a clases dos veces a la semana a los distintos sitios. Si prefieren, pueden ir dos días más a tutorías. Contra deserción. El Coned aún no tiene cifras sobre la deserción. La pregunta es cómo podrá esta entidad mantener en el sistema a veteranos como Charles Thompson, quien además de refrescar su memoria debe atender su trabajo y otras obligaciones. Según Marvin Calvo, director del Coned, la clave está en la calidad de los profesores y la motivación que reciben los alumnos. En esto coinciden Thompson y otros estudiantes, para quienes es fundamental la atención que los educadores les dan. "Estoy tan entusiasmado que los sábados no duermo por ir a las tutorías. Y el sacrificio vale la pena", comentó Thompson. Por ahora, este alumno no planea desperdiciar la aportunidad que su natal Limón no le pudo otogar. Confía en que para sus 67 años tendrá el bachillerato y estará a las puertas de emprender una carrera universitaria.
Ama de casa está feliz de retornar al 'cole' Mercedes Agüero R. maguero@nacion.com Mayra Corrales Mora, ha destinado muchas tardes y noches ayudando a sus hijos con las tareas escolares. Su hija mayor ya tiene 24 años, pero tiene tres más que aún están en la escuela. Según confiesa, en muchas ocasiones se reprochaba por qué desperdició la oportunidad que tuvo a sus 13 años de seguir en el colegio José Fidel Tristán, en barrio Pitahaya, donde cursó el sétimo. "Dejé el 'cole' porque uno cuando está joven no le da importancia a las cosas. Cuando pasa el tiempo empieza a cuestionar lo hecho y a ver las consecuencias", comenta. A los 17 años se casó y a partir de ahí se ocupó de su hogar y el trabajo. Para el estudio no había tiempo, recuerda. Hoy, a los 40 años esta vecina de León XIII dejó atrás los remordimientos y volvió a las aulas. "El primer día de clases venía toda nerviosa. En el camino le pedía a Dios que encontrara gente como de mi edad en el aula y por dicha había compañeros mucho mayores", narró. Con el paso de los días, Corrales entendió que la edad no es una barrera cuando se persigue la superación. Según comentó, su empeño en terminar los estudios más bien le ha servido de ejemplo y motivación para sus compañeros más jóvenes. Incluso, su hija mayor, quien había abandonado los estudios, decidió retomarlos. "Este programa me ha motivado mucho, los profesores nos tratan con cariño y en los primeros exámenes me fue bien", narró. Su meta es terminar el bachillerato. ¿Y luego? "Lo que siempre quise: estudiar teología", afirma ilusionada.
'Quiero estudiar y superarme' Mercedes Agüero R. maguero@nacion.com Jerry Palacios Salazar tiene 24 años de edad y llevaba cinco sin tocar un cuaderno. En plena adolescencia, a este vecino de San Isidro de Heredia el estudio no le interesó. Por más que su hermano insistió para que continuara en el liceo Alfredo González Flores, de Heredia, él no quiso. Después empezó a trabajar y, ya con dinero en el bolsillo, menos se preocupó por obtener el bachillerato. Así pasaron cinco años hasta que en este decidió volver a las aulas de la mano del Colegio Nacional de Educación a Distancia (Coned). "Con el paso del tiempo me di cuenta de la importancia del estudio, encontré esta oportunidad y me metí", manifestó. Otra de sus grandes motivaciones es que tiene un hijo "y no quiero darle un mal ejemplo". Para Jerry el programa ha resultado muy atractivo porque no requiere asistir todos los días a clases. "Los profesores nos dan técnicas para estudiar, nos motivan, se preocupan por uno si lo ven deprimido o angustiado por algo. Es difícil encontrar ese tipo de ayuda en otros programas", dijo. Hasta el momento una de las principales motivaciones han sido los buenos resultados en los primeros exámenes. Su primera meta es ganar octavo este año. "Luego seguiré hasta alcanzar el bachillerato y aunque me gustaría ir a la universidad aún no se cuál carrera escogeré", comentó.
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