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Ojo crítico Rodolfo Cerdas La demanda de Costa Rica contra Nicaragua en La Haya merece el mejor y más exigente de los cuidados no solo de parte de la Cancillería -que es a la que le corresponde-, sino de la Asamblea, la prensa y la ciudadanía. Se trata, además del derecho de nuestra policía de navegar armada en el río, de ciertos derechos y facultades cuya renuncia, descuido o pérdida, lesionaría gravemente la soberanía nacional. Por eso fue prudente la decisión del excanciller Tovar de no presentar la Memoria en el juicio antes de la fecha límite. Y por eso es conveniente que el actual canciller aprovechara su primer viaje a Europa para reunirse con el jurista que nos asesora. Sin embargo, estimulando la curiosidad, el Canciller declaró que se va a ampliar la sustentación de la Memoria y, quizá, hasta se introduzcan algunos cambios. Presumo que será para bien. La Memoria puede y debe ser mejorada, aunque en ella los derechos de Costa Rica estén, como al parecer lo están, muy bien definidos, aclarados y sustentados. Sin embargo, hay que ser muy cuidadosos. Ya en el pasado ha aparecido -por un seudoespíritu de conciliación- la tendencia nefasta a ceder y debilitar la posición de Costa Rica en el reclamo de sus derechos. Solapadamente, se ha promovido la pasividad ante el despojo, defendiendo en la realidad ventajas particulares en el comercio, las exportaciones o el turismo. Nada hace pensar que este sea el caso. Por el contrario, el acervo jurídico, documental e histórico que recibió el nuevo gobierno; el que el actual canciller fuera antes embaja- dor en la ONU; y que nada menos don Édgar Ugalde, nuestro agente en La Haya, sea el vicecanciller, hacen esperar la más firme y decidida defensa de nuestros derechos. Empero, ello no quita que sea una obligación ciudadana velar por el buen éxito de esta defensa y desautorizar el menor asomo de claudicación. Tenemos hoy indicios de que varios Gobiernos del istmo, al parecer por celos y temores a un liderazgo regional de don Óscar, están usando las negociaciones con la Unión Europea para plantarle cara. No sería raro que forjaran alianzas para aislar a Costa Rica y presionarla para que haga diversas concesiones, entre ellas, en este juicio de La Haya. Creo que deberían pensarlo dos veces. Aparte de que podría ser mejor ir solos que mal acompañados, esta demanda es la gran oportunidad para establecer, de manera permanente, relaciones normales y fraternas con Nicaragua. Retroceder y seguir en lo mismo no solo perpetuaría los conflictos, sino que sería una traición a Costa Rica.
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