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El mundial y el carnaval Cuando se lucha por un ideal compartido, los grupos sociales "se entienden"Amalia Chaverri Me uno al grupo de voces que sin escapatoria están participando en estos días en la construcción y deconstrucción del discurso universal del fútbol. Sin escapatoria, porque al ser un fenómeno mediático, sociológico, cultural, económico, político, de carácter global y de envergadura mundial, nos atrapa y permea, querámoslo o no. Sabemos que se trata de un movimiento masivo de encuentros y posiblemente desencuentros; de beneficiosas experiencias interculturales; de múltiples desplazamientos; e, insoslayablemente, de un meganegocio que hace circular cantidades de dinero, casi imposibles de cuantificar, cubriendo todo lo anterior bajo su inmensa sombrilla. ¿Es posible escapar a la tentación de decir algo al respecto? Dentro de la variopinta cantidad de perspectivas que se han referido al tema, lo abodaré, tal y como lo indico en el título, haciendo un paralelismo con el espíritu que subyace en este fenómeno cultural de fuerte carácter colectivo, con otro, también colectivo, conocido como carnaval. El principio del carnaval o de "lo carnavalesco" (me refiero a sus orígenes y no a las características de los actuales) se conoce como una manifestación de la cultura popular, por oposición a la cultura y al culto oficial, en la cual, durante un período de tiempo fijado, una colectividad se une, rompe barreras sociales, hace desaparecer las jerarquías, derrumba los códigos culturales establecidos para, simbólicamente, enfrentar e impugnar el orden social; sociológicamente se explica como un espacio colectivo, cuya intención es mofarse de la ley y del culto y burlar, momentánea e idealmente, el statu quo. Es transgresor por excelencia y en los recursos de su ritual predominan lo grotesco, la burla, el sarcasmo.
La magia del mundial. En el reciente e interesante simposio "El fútbol como arte, ciencia y pasión", celebrado en la Universidad de Costa Rica, se trató entre otros, el tema del por qué vivimos, o en qué consiste, "la magia" del mundial. Se planteó, en primer lugar, que en muy pocas ocasiones, nuestra colectividad se ha aglutinado y unido (aficionados o no) alrededor de lo que será un momento cumbre, el 9 de junio, momento en que nuestro sueño se hará realidad: inauguraremos el mundial de fútbol. Es un momento conformado por un entrelazado de sentimientos comunitarios, de nostalgia nacionalista, de rastreo de nuestra identidad y sentido de pertenencia. Estaremos mano a mano con los mejores, pero también en una unión que nos permitirá fantasear sobre lo que quisiéramos ser; además, construiremos y renovaremos nuestros "héroes". Desde hace unos días, nos "entendemos" gracias a la Sele y somos uno con ella, amando o adversando el acontecimiento; muy pocos son los indiferentes. Si bien me estoy refiriendo a nuestro contexto, mucho de lo planteado puede ilustrar, con la debida distancia, rasgos similares en otros países, así como su significado de acontecimiento global: millones de miradas se dirigirán, ese día, hacia un solo punto, con ilusión unos, esperanzados otros, habrá también curiosos. Dos fenómenos sociales que congregan a una colectividad bajo un "ideal" (de diversa índole) que les permite soñar sobre lo imposible y que, además de tener carácter de fiesta pública, tiene un sentido catártico. Todos iguales. El carnaval impugna la ley y el orden, amén de que rechaza y se mofa del statu quo; el mundial reconcilia, en tanto no pretende un enfrentamiento directo con esos órdenes, sino convivir armoniosamente como una realidad alternativa temporal. El carnaval utiliza el recurso de lo grotesco y lo escatológico; el mundial el de la "fraternidad": baste como ejemplo una de nuestras canciones que dice "estaremos abrazados esperando que lleguen a casa". El carnaval se enfrenta al culto, mientras que en el mundial es ineludible la presencia del culto religioso, tanto como factor esperanzador en los creyentes, como también recurso en la propaganda publicitaria; baste solo ver jugar fútbol a unos monjes y oírlos gritar "milagro" cuando consiguen un gol. Además, ojo a este ejemplo tan singular. El mundial es tan incluyente que todos serán ciudadanos, cualquiera, inclusive el príncipe Guillermo de Inglaterra, quien ha pedido ser tratado como un "hincha más", y que rechazará los saludos protocolarios (reverencias), por lo que se le permitirá a cualquier ciudadano "darle la mano" al saludarlo. Dos ejemplos de manifestaciones sociales donde la colectividad -más allá de la diferencia de sus propósitos- se une, prueba irrefutable de que, si se quiere, si se lucha por un ideal compartido, los grupos sociales se "entienden". ¿Podríamos nosotros los ticos aplicar lo que estamos viviendo hoy a otras experiencias? ¿Por qué no comenzar por algo tan elemental (pero importantísimo) como sería luchar contra la suciedad y la basura en la ciudad? ¿Por qué no encontrarle la "magia" a una cruzada en pro de la limpieza? Sería un comienzo fácil, necesario, que nos entrenaría (¡como a la Sele, ojalá!) para otros logros, y que nos daría un sentido de pertenencia e identidad con nuestro hábitat y comunidades (¡oeeee, oeee, limpieza!). Valdría la pena intentarlo. Cierro deseándole mucha suerte a la Sele.
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