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Promesas sin el calor del aplauso La segunda Copa Saprissa arrancó ayer en el estadio morado y en AlajuelaEn el Saprissa se apreció la intención de jugar bien, pero faltó el factor vital Roberto García H. rgarcia@nacion.com Sin el calor del público, cualquier juego se asemeja a una simple práctica, aunque en la gramilla reluzcan las casacas de clubes pletóricos de tradición e historia. Se escucha con nitidez el rebote de la pelota; también la instrucción desde el banquillo y el bregar a gritos entre los protagonistas. Pero hacen falta el calor de la gente, la sonoridad del aplauso y, ¿por qué no?, hasta el juicio implacable del insulto y la rechifla. La segunda Copa Saprissa se inició ayer simultáneamente en dos escenarios. En el Morera Soto se realizó en condiciones normales, mientras que el estadio tibaseño se convirtió en el reducto de las butacas vacías, por causa de los cuatro meses de castigo que la FIFA impuso a la cancha saprissista. Merengues contra rayados. Precisamente, en este escenario, bajo el cielo de una tarde gris con barridos de agua y de frío, apreciamos la buena intención de tocar y de jugar bien, por parte de Chivas USA y Real Madrid, y de Saprissa contra el Cruzeiro. Los rayados del Chivas USA pagaron muy caro su imprecisión ante el marco. Mientras Real Madrid aprovechó la ocasión más clara, por intermedio de Pau Bosch, quien anotó de cabeza, los rojiblancos erraron una y otra vez en las propias barbas del arquero madridista, Cristian Pujol, aunque es justo reconocer que el guardameta sacó una muy buena actuación. Buena dinámica. A las 3 p. m. saltaron a la gramilla el Saprissa U-19 y Cruzeiro de Brasil. Dos a dos, el resultado. Del justo empate, destacamos la joyita del minuto 35. En los instantes previos, una falta más que oportuna del morado Yader Valladares sobre Joabe Batista, impidió que el ariete azul se enfilara al marco con opciones abiertas. Mas, con el cobro efectivo del tiro libre, Edmar Curitiva convirtió en los mecates de Keylor Navas, lo que fue, quizás, la anotación más lucida de la jornada. La intención de jugar con técnica, de hilvanar cada trazo, nos deparó un buen espectáculo. Sin embargo, en Tibás hizo falta el aplauso, ese elemento vital.
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