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Oportunidades de diálogo

Se trata de un hermoso reto para la iglesia cristiana, Católica Romana y protestante

Osías Segura
Teólogo

La conspiradora novela de Dan Brown El código Da Vinci intenta de nuevo afectar la veracidad de la fe cristiana. Así se nos presenta este hermoso reto para la iglesia cristiana, tanto la Católica Romana como la protestante evangélica, pues el tema se presta para generar conversación y los creyentes puedan así compartir su fe. El problema es que pocos cristianos han leído el libro, otros aún no han estudiado los errores que presenta como "investigación académica" y se debaten en si deben o no ver la película. Al estar desinformados, no pueden dialogar con su fe, he ahí el problema para la iglesia cristiana hoy.

Para el señor Brown su novela, que salió en el 2003, los personajes y sus acciones no son obviamente reales, pero el arte, la arquitectura, documentos y rituales secretos presentados son reales. Esta novela es simplemente una obra de ficción y carece de seria investigación. El libro y la película se fundamentan en documentos secretos que una organización llamada el Priorato de Sion ha guardado desde el año 1099. Esta organización fue fundada en 1956 como un club para bajar el costo habitacional en Francia. Su presidente, Pierre Plantard, después falsificaría unos manuscritos con ayuda de su amigo Philippe de Cherisey, documentos que supuestamente encontró un sacerdote mientras renovaba un templo. En esos documentos, Plantard aparece como uno de los descendientes del linaje de María Magdalena y Jesús. En 1993, Plantard admitió en una corte francesa haber falsificado tales documentos. ¡Brown pudo verificar la calidad de su información! Esto demuestra su profesionalismo como escritor.

La "verdad". De tales falsos documentos aparecen las afirmaciones de que María Magdalena, quien tenía linaje real y se convertiría en diosa, tuvo relaciones con Jesús y tuvieron una niña que creció en el sur de Francia y ha sido la progenitora de un linaje real (los reyes Merovingios de la edad media francesa). Así el Santo Grial, reliquia tan buscada por siglos, no es una copa sagrada, sino el vientre de María Magdalena, quien es por tanto más importante que Jesús, pues él simplemente la embaraza y luego muere. Por eso, según el libro, la Iglesia Católica Romana se ha visto amenazada por siglos y ha suprimido crudamente esta "verdad", pues pone en peligro la estructura "machista" de la Iglesia.

Lo interesante es que Brown también se basa en una serie de textos gnósticos antiguos para probar sus hallazgos. Tales textos gnósticos, como el evangelio de Judas, niegan la humanidad de Jesús, pero nunca cuestionan su naturaleza divina. ¡Por tanto, pensar que Jesús tuvo cuerpo y pudo procrearse, que simplemente fue un ser humano, va contra el gnosticismo mismo! Así maneja Brown su información: ¡totalmente al revés!

A los cristianos, con este libro y película vienen estas oportunidades de diálogo: explicar cómo tomó forma el Nuevo Testamento; examinar la verdadera María Magdalena, quien no era una prostituta, sino un discípulo más, testigo ocular de la resurrección de Cristo; y el papel de la mujer en la iglesia primitiva y la actual. Por consiguiente, El código Da Vinci no debe verse como una amenaza para la iglesia cristiana, sino como una oportunidad para explicar y demostrar de qué está hecha la iglesia, y presentar su piedra angular: Cristo.

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