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Sin actitud, sin alma Mauricio Martínez S. mmartinez@nacion.com Del desastroso juego de la Sele contra Cataluña rescato dos imágenes que me quedaron muy grabadas en la retina. En una, el delantero nacional evade enfrentar al portero y opta por pasar la bola a otro jugador. El toque es tan fuerte, que su compañero ni siquiera hace contacto con el balón y termina resbalándose fuera de la cancha. En la otra, un defensor tico le hace un pase a otro colega por la banda derecha, pero, inexplicablemente, el jugador-receptor se cae y la bola sale mansamente. Es harto conocido que la Tricolor jugó uno de sus peores encuentros, aunque algunos colegas deportivos hayan sido sumamente condescendientes y poco críticos. Las dos imágenes de los seleccionados evidencian una falta de personalidad y de actitud que no es solo de ellos. Se trata de un mal muy enraizado entre los ticos. Antes que enfrentar un problema o tomar una decisión, preferimos tirarle la papa caliente a otro. La inacción, el conformismo o, sencillamente, la mediocridad nos impiden avanzar. Se postergan decisiones vitales solo por el temor de dar un paso en falso o la sanción pública. En el peor de los casos caemos (como el jugador) víctimas de nuestros yerros. Tanto en el plano nacional como en la Tricolor urge un cambio de actitud. Ya lo dijo Harold Wallace en una entrevista publicada ayer: "El que esté satisfecho sería un mediocre". Los costarricenses hemos sido testigos de jornadas memorables en defensa de la soberanía nacional, la paz regional y los derechos humanos, solo para citar algunos hechos de la historia patria. La mediocridad no ha tenido cabida. Solo los grandes de espíritu y con sólidos valores han salido avante, no hay de otra. De ahí que, si queremos hacer un papel decoroso en Alemania, lo mínimo que se necesita es un golpe de timón y vergüenza para mejorar. En las aulas, el trabajo y la familia también es imprescindible un mayor compromiso con la superación y el desarrollo del país. La inacción o la evasión de responsabilidades solo nos condenan a la ignorancia y el subdesarrollo. Claro, hay un refrán que señala: "nadie da lo que no tiene"; así que, si no tenemos alma ni fomentamos valores, es poco lo que podemos esperar.
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