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Múnich: ante el mundo Julio Rodríguez envela@nacion.com Coordinador de Opinión y Editorial Si las dos deplorables exhibiciones de nuestra selección, en Europa, en estos juegos de fogueo, se orientan a confundir al entrenador alemán, Juergen Klinsmann, la táctica sería digna de Napoleón Bonaparte. Así, el 9 de junio, en Múnich, podría ser nuestro Austerlitz. Si, por el contrario, eso es lo que tenemos, hay razones de sobra para preocuparnos por cuanto, de nuevo, afloraron a borbollones, en estos dos partidos, los vicios de nuestro futbol: lentitud mental y física (que los críticos extranjeros han denunciado a voz en cuello), hasta la desesperación; timidez e inseguridad desde los primeros pasos, servicios erráticos y, generalmente, dirigidos a un jugador marcado, y, en síntesis, desaprovechamiento del espacio (tan grande y tan desdeñado). ¿A qué estamos jugando? Tenemos, hasta hoy, una selección entumecida. Lo grita la TV: ¿los jugadores están en la cancha para moverse inteligentemente o para ver jugar al compañero que lleva la bola? En este sentido, angustian las valientes declaraciones de ayer de Harold Wallace. Los jugadores -dice- no tienen actitud mundialista. ¡Cuánta falta hace el maestro Retana en esta Selección! Los pecados de nuestra selección no se eliminan de golpe y porrazo, pero ya es hora de observar algún avance o, al menos, un atisbo, excepto, como expresamos, que, a la hora de la verdad, el 9 de junio, la ovejita asustada se transforme en fiera (inteligente). Se dice que lo mismo le pasó a Bora, allá por los noventas. Sin embargo, en vísperas del gran día, nuestro cuerpo técnico debe devanarse los sesos para enderezar el barco. Y, aún en la hipótesis de un buen desempeño, el próximo sábado, ante Croacia, debe imperar el sentido crítico. La lentitud mental y física en el futbol es un anuncio de muerte. Y nosotros queremos plenitud de vida. ¡Acharita! Si un equipo es lento, su antídoto es la técnica del jugador, aunque el rival sea un pánzer germano. ¡Cuánto añoramos, por ello, en la Selección a Bryan Ruiz y a Alonso Solís! La técnica hace la diferencia, pero dejamos en casa la diferencia. ¡Qué lujo! Cabe, con todo, una esperanza: que lo dicho aquí sean desahogos de aficionado y que, ya en la arena, frente al toro, nuestros 11 toreros corten rabo y oreja., y dejen el estadio de Múnich enmudecido.
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