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Educación física, ¿para qué? Gerardo A. Araya Vargas garavi@racsa.co.cr Profesor, Universidad de Costa Rica La Organización Mundial de la Salud lanzó un plan para Latinoamérica y el Caribe, parte de la Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud. La 57ª Asamblea Mundial de la Salud insta a los Estados miembros a aplicar el plan, que pretende políticas nacionales, estrategias y planes de acción para mejorar el régimen alimentario y promover la actividad física. Costa Rica debe asumir ese reto seriamente y atacar la problemática integralmente. La actividad física es componente clave y debería darse participación destacada al profesional en educación física, deporte y recreación. Cierto, la imagen pública del gremio no está a la altura de la de un médico o un nutricionista. Aun entre los educadores, los profesores de educación física no son muy destacables. Esta área, tan importante como salud preventiva y factor de impacto económico, nunca se ha apreciado como las asignaturas académicas o tecnológicas. De hecho, por tradición, la práctica deportiva y de ejercicio físico se ha visto rodeada por mitos como "hacer deporte es malo para las mujeres" o "el deportista es un vagabundo que no tiene cerebro para nada mejor". Hacer deporte y ejercicio tiene, para muchos, connotación negativa. Todo esto ha contribuido a desvalorizar a la educación física, al deporte y la recreación. Además, es triste admitirlo, algunos colegas no han dado buen ejemplo. Menosprecio. Claro, después de sacrificarse para obtener un título universitario durante años, en los que se pasa más tiempo leyendo que haciendo lagartijas (otro mito), llegamos al ámbito laboral y encontramos que se menosprecia la profesión, se nos ve como "pseudoeducadores" y, muchas veces, se nos explota sin importar los riesgos para la salud. Por ejemplo, algunos estudios han demostrado una alta incidencia de cáncer de piel en profesores de educación física, y hay problemas de estrés laboral que generan trastornos físicos y que disminuyen la motivación para continuar. Además, muchos se quedan sin empleo pues es mejor abrir un código para inglés o computación que "desperdiciarlo" en educación física. En muchos centros educativos privados nos encontramos a cualquiera dando la materia porque parece fácil que alguien entretenga a los chicos "tirándoles" una bola en vez de contratar a un profesional titulado en educación física. Pero todo eso, aunque muy grave, no justifica que un profesional en educación física, deporte y recreación no se comporte como buen modelo para el estudiantado. Si queremos cambiar la imagen del gremio, debemos gestar el cambio desde dentro, en cómo trabajamos y en nuestro estilo de vida. Muy importante: debemos atrevernos a exigir que se nos reconozca como lo que somos: profesionales de la educación, promotores de salud y gestores de desarrollo. Como el turismo. ¿Sabe usted cuánto beneficio económico genera al país el deporte? Si fuera bien gestionado, ese ingreso sería tan alto como el de otros sectores, como el turismo. Además, los modelos de grandes deportistas estimulan a la juventud a creer en un proyecto social, a creer en valores nacionales. Esta profesión, por tanto, es valiosa, necesaria y clave para la educación integral. Sin un cuerpo y sin tener algo de actividad física, no se puede actuar. Moverse es vivir; por tanto, el movimiento humano debería reconocerse como eje del currículo educativo. Eso implica que hay que darle el lugar que merece al profesional en educación física, deporte y recreación.
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