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Enfoque Jorge Vargas Cullell jovargas@nacion.com Tres días después del fin del mundo, el presidente ejecutivo del INVU enviará el memo INVU-PE-52578 para convocar a su comité ejecutivo a sesión permanente de emergencia. El apocalipsis fulminará cosas y seres vivientes, pero su eficacia para disolver la antimateria, los huecos negros, es menos conocida. En eso le apuesto al INVU. Muy hueco negro será este instituto que traga políticos y planilla, pero sigue siendo institución: sin misión, dinero ni programas, pero con personería jurídica. Así ha sido desde hace veinte años, por los siglos de los siglos. El INVU, sin embargo, es detalle menor y parte cómica del cuento. La parte trágica es el Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI). Creado hace veinte años como ente rector de un sistema financiero especializado, banco de segundo piso para el desarrollo del mercado de financiamiento en vivienda y entidad encargada de un programa de subsidios habitacionales, hoy solo es una ventanilla de tramitación de bonos de vivienda. De banco le quedaron al BANHVI solo las metidas de pata de varios ministros y juntas directivas que engalanaron la belle époque del bipartidismo. Pero no: no fueron metidas de patas, sino una estrategia de asalto y captura institucional de cuantiosos recursos públicos por parte de grupos que hicieron, del clientelismo y los manejos irregulares, el recurso del método para fabricar poder y fortuna, todo en nombre de la ayuda a los pobres. Una década después de que las autoridades desmontaran auditorías de campo y control de calidad, el ministro Helio Fallas nuevamente las puso en marcha, mérito que le costó oposición política y burocrática. Ido el ministro, inmediatamente surgieron todo tipo de peros a estos sistemas de control y evaluación. Sin embargo, la cuestión urgente no es tanto el problema operativo, sino de reforma institucional: ¿qué hacer con el BANHVI y con el INVU? Las condiciones en materia de vivienda y urbanismo son muy distintas de las de veinte años atrás. No es necesario un banco de la vivienda pues existe un mercado de financiamiento habitacional. Se necesita, eso sí, una entidad fuerte en materia de urbanismo y subsidios habitacionales. Urgen políticas de ordenamiento territorial con músculo. El mal uso del suelo tiene hoy costos económicos, sociales y ambientales. La reforma del sistema de subsidios de vivienda debe ligarlo al ahorro y al esfuerzo de las personas, hacerlo más flexible en sus usos, coherente con las políticas urbanísticas y más limpio en su asignación. Solo disciplinando el subsidio pueden atraerse recursos del mercado financiero para la vivienda social. Aunque parezca imposible, el memo INVU-PE-52578 y la charanga con los bonos de vivienda son evitables.
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