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Resumen Enrique Obregón Valverde El resultado de una larga vida, cuando aún se tiene conciencia, es el conocimiento de que ya no somos seres humanos completos, sino personas que retenemos solamente retazos de lo que fuimos. Pensamos que seguimos siendo lo que éramos, pero esto no es cierto. Nos llamamos igual, Pedro, Carlos, María; tenemos la misma profesión, albañil, abogado, enfermera, y hasta vivimos, si la suerte nos acompaña, con las mismas personas, cónyuge, hijos, nietos, pero hemos dejado de ser lo que fuimos. La consecuencia de la vida es la desintegración de la totalidad para dejarnos la proporción. Nunca es igual antes que ahora. Si ya hemos vivido, pero seguimos viviendo, solamente quiere decir que hemos vivido. Si se pierde la totalidad para reducirnos a una parte, esta es el resumen de nuestra vida, el resto que nos queda. Igual, el país. Todo ello no quiere decir que esa porción final de que disfrutamos sea la peor. Podría ser que el destino nos reserve la inteligencia, la alegría y, tal vez, un nuevo proyecto, pero no somos lo que éramos. Como las personas, individualmente, así son la nación, la ciudad, el pueblo. Allí, finalmente, en el barrio donde terminamos viviendo, en nuestra calle, como afirmaba el filósofo español Julián Marías, llegamos a la convicción de que somos el resultado de la vida, de la experiencia y del "ajuste de porcio-nes de humanidad que armoniosamente acaban por convivir". De ser así, entonces podríamos exclamar alegremente: ¡Qué bien esta parte mía que conservo, y cómo la quiero!
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