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La Página Quince Creo que soy el más viejo de los que escribimos aquí; no el mejor, pero sí el más viejoEladio Jara Jiménez Fue allá por 1960 cuando escribí un artículo sobre la vida en Rusia y lo envié a Guido Fernández, director de La Nación en ese entonces. A Guido le gustó aquello y me ofreció espacio en la Página Quince, que en ese tiempo estaba empezando como página preferencial. Yo me sentí muy halagado porque me estaban poniendo a la par de Marín Cañas, Cristián Rodríguez, Constantino Láscaris, Roberto Murillo, León Pacheco y todos los grandotes de la literatura nacional que escribían en esa página. Seguí enviando mis artículos sobre diversos temas. Cuando uno no es escritor profesional, le entra a todo con cierto atrevimiento: cine, teatro, música, deportes, historia, literatura, filosofía... ¡Qué sé yo! Huérfanos. Son más de 40 años de estar escribiendo en la Página Quince. Ya Marín Cañas y los de su época se fueron para el cielo y nos han dejado huérfanos. Después de tanto tiempo, yo creo ser el más viejo de los que escribimos ahí; no el mejor, pero sí el más viejo. Todo este preámbulo es para contarles que he recogido en un libro, los artículos "menos peores" de todo lo que he escrito en estos 40 años y lo he publicado con el nombre Las nieves del tiempo. Ahí se encuentran anécdotas sobre personajes importantes de nuestra historia: Cleto González Víquez, Mario Echandi y Paco Urbina en la política; Aquileo Echeverría y Rogelio Sotela en la poesía; Víctor Manuel Elizondo en la justicia; Ray Tico y Orlando Zeledón en la música; Alfredo Cruz y Alejandro Morera en los deportes; Lalo Gámez y Victoria Garrón en la enseñanza; el padre Núñez, Bruce Masís y Guillermo Núñez en la revolución; Walter Sagot, Franz Sauter y los hermanos Gutiérrez Braun en la ingeniería; Daniel Gallegos y Haydee de Lev en el teatro, y muchos otros más. Allá ustedes. También se encuentran algunas especulaciones filosóficas de esas que se le van ocurriendo a uno a lo largo del camino. Tal vez compartan conmigo algunas de ellas y, si no las comparten, allá ustedes. La Página Quince seguirá existiendo hasta que Dios y La Nación lo quieran y, como los viejos nos vamos acabando, es buena la idea del periódico de dar espacio a los jóvenes que tienen vocación y estilo. Eso de escribir es una especie de vicio; se entretiene uno mejor que viendo la televisión. Yo escribo porque, como decía Láscaris, "me gusta verme en el periódico". Ojalá que esta página nunca desaparezca porque es un alivio entre tantas tragedias, robos, drogas y asesinatos que aparecen todos los días en los periódicos del mundo.
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