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Mucho sexo e irrespeto a la vida

El declive de una sociedad que se corrompe y que no tiene recursos para salvarse

Alberto Casals
acasals2003@yahoo.com
Presbítero

En un precario de los que rodean a San José se encontraba un niño totalmente desnudo, acogido a una improvisada choza, cuando inesperadamente llegó su padre acompañado de un profesional. En cuanto los vio, a lo lejos, se fue a esconder como pudo en el interior de la pequeña choza. ¿Cuál era su problema? Una innata virtud que algunos pensamos que ya se había perdido, pero que todavía sigue latente, espontánea y natural en esas criaturillas que no han sido tocadas aún por la cultura secularizada. Esa virtud se designa con una palabra bastante olvidada en la actualidad: pudor.

Algunos y algunas ya mayores, "modernizados", al son de las modas actuales, han logrado superar ese antiguo "tabú" del pudor, y tal vez lograrán enseñar a esas pequeñas criaturillas que no tienen porque avergonzarse de lo que es totalmente suyo, su pequeño cuerpo, aunque no tengan otra cosa con que cubrirlo. ¿Bastará esa dignidad humana, totalmente despojada de los tabúes antiguos, de los valores protectores, y rodeada solo de la nada?

Valor sagrado. Hoy vivimos un proceso evolutivo, tanto los hombres como las mujeres, pero en estas más acentuado, de desprecio al pudor en el modo de vestir, pues no busca adornar las partes más delicadas del cuerpo humano sino precisamente exhibirlas. El sexo que era un valor sagrado, un don de Dios a los hombres, se ha devaluado. Ya no es para muchos un tesoro que se cuida, que se guarda, que se reserva. Ahora, rompiendo la tradición de otros siglos, se exhibe, se hace público y en consecuencia vemos por las calles y en las fiestas demasiado sexo. Ya no es solo en las zonas rojas, ya no es exclusivo de los clubes nocturnos, corretea por las calles, aparece en la televisión, invade la Internet, llega a todos los hogares y corrompe a pequeños y grandes: demasiado sexo. Es el declive de una sociedad que se corrompe y que no cuenta con los recursos suficientes para salvarse. Hasta a los niños los queremos despojar, desde la edad escolar, de esa virtud que es salvaguarda de la pureza del alma y del cuerpo y que se venía llamando "pudor", que es como decir la guarda de la intimidad, no solo de las intimidades del cuerpo sino también de los valores de la afectividad y del alma limpia. Y por este camino perdemos el verdadero aprecio a los demás y hasta el respeto a la vida.

Es necesario que nos decidamos a pensar cómo despertar las conciencias personales y colectivas, cómo hacer para volver a rescatar el valor del hombre y de la mujer, cómo proteger la dignidad humana y volver a mirarnos unos a otros con los ojos limpios, no como bestias. Y esta tarea no la podemos dejar solo a la Iglesia con sus enseñanzas religiosas tan necesarias, también la sociedad civil tiene una fuerte carga de responsabilidad para humanizar la vida de sus ciudadanos. Aprendamos a vestirnos de nuevo con dignidad y respeto a los demás: pequeños y grandes. Da pena ver cómo se comienza a vestir, sin respetar el pudor, a algunas criaturillas de corta edad y cómo se las lanza a la calle. Aprendamos de aquel pequeño del pobre precario que comprendía la necesidad de presentarse vestido.

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