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OIJ tiene 54 crímenes sin resolver por silencio de testigos Agentes solicitan al público información para evitar impunidadFalta de ayuda desgasta a policías y se suma a carencia de recursos Irene Vizcaíno ivizcaino@nacion.com G. M. M. León XIII. "Testigos no desean declarar por miedo ya que la zona es sumamente conflictiva". A. R. C. Paso Ancho. "Testigos se niegan a declarar por cuanto los agresores son muy violentos y muy conocidos en la zona".
R. S. R. Montes de Oca. "Ausencia de testigos aunque el hecho fue en un bar y se encontraba lleno en ese momento". El silencio de los testigos y la falta de colaboración de los ciudadanos impiden esclarecer por lo menos 54 asesinatos que ocurrieron en el 2005 y en lo que va de este año, en San José. Al parecer, el miedo a las represalias se ha convertido en el mayor obstáculo para los agentes de del Organismo de Investigación Judicial. "No es solo en homicidios, nos está afectando en todas las líneas de investigación. La gente está reacia a cooperar, entendemos que es por temor y otros porque no quieren acudir a los tribunales", afirmó Jorge Rojas, director de ese cuerpo policial. Para Manuel Cabezas, jefe de la sección de homicidios, este rechazo de la gente ocurre porque olvidan que cada uno de estos casos sin resolver representa asesinos que están en libertad, y por lo tanto están creando un régimen de impunidad. "Yo insto a la población a utilizar las herramientas que nos da la Ley para combatir la impunidad", afirmó el investigador. La falta de ayuda de la población produce un mayor desgaste de las autoridades en sus pesquisas, pues un 70 por ciento de los recursos destinados a la sección de homicidios se gasta en traslados de los agentes en busca de datos y localización de testigos. La situación se complica más ante las características de algunos de los crímenes, específicamente, los casos de muertes por encargo que ocurren en la vía pública. Un caso que refleja esta nueva realidad es el homicidio de la periodista Ivannia Mora Rodríguez, registrado el 23 de diciembre del 2003 en Curridabat, San José. Ante la complejidad del hecho, necesitó del trabajo de seis agentes durante unos ocho meses. Limitaciones.En la sección de homicidios de San José trabajan 16 personas que conocieron el año pasado 122 nuevos asesinatos, de los cuales 88 fueron resueltos. Para este año, al 1.° de mayo, llevaban 34 crímenes, 19 sin respuesta todavía. En tales situaciones, suele haber testigos que al principio colaboran pero luego se desmienten porque reciben amenazas o no quieren involucrarse en un proceso. Según los agentes, si cuesta conseguir datos, todavía es más difícil encontrar personas que acepten declarar en juicio. Tal y como insisten los jerarcas policiales, ninguna legislación obliga a las personas a darles información, pero sí existe un deber ciudadano con la justicia y la paz social. "La gente no vive en una cápsula y en cualquier momento pueden ser ellos los que requieran que una persona declare para que se haga justicia", advirtió Jorge Rojas. Frente a estas circunstancias, los investigadores ofrecen la confidencialidad posible para quienes les brinden datos que pudieran estar relacionados con los casos. Según ellos, en algunas ocasiones la gente subestima lo que sabe, pero cualquier detalle puede ser valioso para que los agentes puedan cumplir su misión.
Miedo y complacencia ante un asesinato Irene Vizcaíno ivizcaino@nacion.com A Mínor Torres Quesada lo asesinaron avanzada la noche del 17 de diciembre del 2005. Lo atacaron cuando subió a su vehículo en el centro de Pavas, donde se celebraban las fiestas populares del distrito. Dos motociclistas se acercaron a su carro y le dispararon en 11 ocasiones; una de las balas también impactó a la hija de Torres, de siete años. Aunque había mucha gente en la calle, la Policía Judicial no ha logrado encontrar testigos que den informes sobre los asesinos de Torres. En este caso particular, los agentes de homicidios han detectado dos tipos de motivaciones por las cuales la gente no quiere hablar: miedo y complacencia. Torres era miembro de una conocida familia apodada como Los Polacos, a la que las autoridades vinculan con varios ilícitos en la zona y quienes, supuestamente, suelen protagonizar hechos violentos en la zona. Para algunos vecinos de Pavas, la muerte de Torres fue consecuencia de su propio modo de vida, de ahí que, de alguna manera, no interesa detener al autor. Por otra, tienen miedo de recibir represalias por parte de los autores de ese crimen. Ante estas circunstancias, el OIJ encuentra un panorama oscuro para resolver el caso, pues se han identificado cinco bandas delictivas que tenían motivos para acabar con la vida de Torres. De esta forma, dicen los agentes, se apoya el régimen de impunidad.
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