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La persona como centro La persona humana es ciertamente la manifestación más elevada de la naturalezaÓscar Álvarez Araya La persona debe ser el centro de la acción política, social y económica. El Estado y el mercado deben subordinarse a la persona como eje. El Estado ha de servir a las personas y no las personas al Estado. El mercado es un medio para uso de las personas y no un ídolo que las esclavice. El fin de toda organización social ha de ser la persona humana. La persona tiene derechos y obligaciones anteriores y superiores al estado y al mercado. Es un ser al mismo tiempo individual y social. Es la manifestación más elevada de la naturaleza y no debe someterse a ninguna forma de dictadura, opresión o fundamentalismo. Desarrollo integral. El objetivo del desarrollo económico y social es permitir que las personas puedan crecer, desarrollar sus potencialidades y vocaciones como miembros libres de su comunidad política. El desarrollo debe ser integral, llegar a todo el ser humano y a todos los seres humanos que conviven en esa comunidad. El desarrollo debe estar al servicio de las personas y no las personas al servicio del desarrollo. La economía debe estar al servicio de las personas favoreciendo el crecimiento de su dignidad y calidad de vida. Retomando a Abraham Lincoln, la economía debe ser de las personas, por las personas y para las personas. Una economía humana reconoce el papel fundamental de la empresa, la propiedad privada y el mercado, al tiempo que da un papel significativo a la sociedad civil y al estado como garante del bien común. Un buen equilibrio entre el estado, la sociedad civil y el mercado debe estar en última instancia en función del bienestar y de la dignidad de las personas. Papel del Estado. Las estrategias de "crecimiento con equidad" y "desarrollo humano sostenible", si bien reconocen la importancia del mercado en ciertas áreas de la vida social, valoran el papel del Estado en áreas tales como la lucha contra la pobreza, la creación de estructuras de solidaridad social, la apertura de oportunidades educativas y la protección del ambiente y la naturaleza, entre otras. Hay que estimular la producción de riqueza creando un ambiente favorable para las inversiones y el crecimiento económico. Pero hay que estar vigilantes y desplegar políticas públicas para que la creación de riqueza no se concentre en los niveles altos de la sociedad, sino que se difunda entre los diferentes sectores sociales. Eso es lo que han hecho los países recientemente industrializados en Asia: producir riqueza para todos o por lo menos para la gran mayoría. El crecimiento económico y la producción de riqueza deben estar al servicio de las personas.
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