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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Entre las causas que el actual ministro de Turismo, Carlos Ricardo Benavides, enumera como factores de alejamiento del turismo figura la agresividad de los conductores de vehículos, de taxis y de autobuses. Debe de ser este un caso único en la historia mundial del turismo. Por supuesto, el estado deplorable de las carreteras figura en primer lugar; sin embargo, este es un problema estructural que solamentese resolverá cuando en el MOPT y en Conavi impere la determinación de poner fin al compadrazgo, el favorecimiento y la alcahuetería, aunque sea "a mecos"., como decían antes los chiquillos, los viejos de hoy, cuando la calle era libre, los carros se usaban para transportar seres humanos y no para matar, y salir huyendo, y cuando la motivación de la reunión familiar no era la televisión, que une físicamente y disgrega espiritualmente, sino la palabra. Hay, con todo, una diferencia entre ambas causas. Mientras el desastre del MOPT y de Conavi se puede enderezar en pocos minutos, aunque sea estructural en sus consecuencias, únicamente con un acto de voluntad, la agresividad de los conductores de vehículos es de larga data por cuanto está incrustada en la cultura actual de nuestro país. Aquí agresividad significa, lisa y llanamente, falta de urbanidad y de cortesía, desconocimiento de las normas elementales de buen trato, señorío del irrespeto; en fin, la dictadura del pachuquismo, que nos domina desde hace unos 30 años y que, cada día, revalida, en la calle, en la escuela y en la familia, sus vergonzosos títulos. Esto es realmente el colmo. Se supone que, por un elemental sentido del negocio, un chofer o el propietario del vehículo se afanen en tratar bien al cliente. Si, por el contrario, se comporta como un patán y desconoce las normas elementales del respeto, en el hablar y el vestir, su proceder está enraizado en la educación que recibió en la escuela, en la familia y en el ambiente nacional. Esta es precisamente la cuestión. Lo que la familia no da, Salamanca no lo presta, y lo que la educación no corrige, el ambiente lo agrava. El irrespeto y el pachuquismo -distintivo, por cierto, del cantinflesco gobierno anterior- han llegado a tal punto en nuestro país que habrá que declarar emergencia nacional. He aquí una de las ventajas de la competencia internacional y del conocimiento entre los pueblos. El tico se "destica", sale del cascarón, observa y compara, y, además de ser objeto de elogios y de crítica, se da cuenta cabal de que la avenida central no es la más ancha ni bella del mundo, y que, si quiere subsistir y avanzar, debe leer, cultivarse y cambiar.
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