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Deporte: cuerpo, mente y alma Como sociedad, no damos a las actividades deportivas el valor que merecenAbril Gordienko López El publicitado campeonato intercolegial de fútbol promovido por la Coca Cola, cuyo vencedor nacional, el liceo Dobles Segreda, irá a Colombia a enfrentarse a otros equipos latinoamericanos, fue un ejemplo claro de la importancia que tiene el deporte infantil y juvenil en Costa Rica. Me explico: No obstante el padrinazgo de semejante empresa, el campeonato no tuvo un acto inaugural y se jugó sin gloria en varias de las descuidadas canchas del país al capricho de árbitros en su mayoría incompetentes. Los medios de comunicación, con pocas excepciones, no le concedieron espacio en sus notas deportivas; ningún ejecutivo o representante de la Coca Cola se molestó en asistir a alguno de los partidos en los que los jóvenes pusieron tanto entusiasmo y esfuerzo; los mismos colegios participantes no fueron a apoyar a sus muchachos -las bandas, las porristas, los directores, profesores y compañeros no fueron a hacerles barra-; igualmente ausentes estuvieron muchos de los padres de familia de los jugadores. Las graderías pasaron casi vacías a lo largo de todo el campeonato. Ambiente desalentador. Es decir, la empresa patrocinadora se valió de la habilidad y de la pasión deportiva de los jóvenes participantes en el Torneo Intercolegial Coca Cola para hacerse propaganda. Lástima que hubo tan poco público que apreciara su esfuerzo, los aplaudiera y los estimulara. ¿Cuántos otros torneos de fútbol, voleibol, o baloncesto, juegan diariamente los niños y jóvenes costarricenses en ese mismo ambiente desalentador que acabo de describir? ¡Ah, pero el futbol profesional sí se toma en serio! Merece horas de comentarios en radio y televisión, varias páginas diarias en los periódicos y litros de saliva en cualquier reunión social. ¿Cuántos dejan de hacer cualquier cosa por no perderse un partido de la Primera División, pero no para ir a ver a su hijo competir o levantarse temprano un domingo para llevar a su hija a jugar un partido? Los beneficios del deporte no necesitan mayor explicación, pero mencionaremos los más elementales: aumenta la coordinación y flexibilidad motoras, mejora la condición física y previene enfermedades; en lo intelectual, fomenta la asociación de ideas, la anticipación y el planeamiento y, por ende, una mejora de las destrezas de estudio; es uno de los mejores instrumentos para prevenir el consumo de drogas, licor y tabaco; emocionalmente, ayuda a mejorar la autoestima, a manejar la ansiedad, a desarrollar la paciencia y la habilidad de trabajo en equipo, a compartir responsabilidades, a controlar pensamientos, impulsos, frustraciones y prejuicios, a socializar y a aprovechar sanamente el tiempo libre. ¿Qué más se puede decir a favor del deporte si son pocas las actividades humanas que generan tantos beneficios? Faltan instalaciones. Sin embargo, como sociedad, no le damos la importancia que merece. Las municipalidades cuentan con insuficientes o nulas instalaciones deportivas de uso comunal; y, donde las hay, generalmente no reciben el mantenimiento adecuado, lo que es casi como que no existieran. El programa de Educación Física es la cenicienta del currículo escolar y colegial. Cientos de escuelas y colegios, tanto públicos como privados, no cuentan con espacios adecuados para que los niños realicen actividades físicas y practiquen deportes; por el contrario, el Ministerio de Educación (MEP) permite que se abran algunos centros educativos en inmuebles que con costos tienen un patio de luz. Muchas universidades privadas ignoran el sabio y antiguo aforismo latino "Mens sana in corpore sano" y se instalan con nombres pomposos en antiguas casas de habitación donde no solo no hay campo para ejercitar el cuerpo, sino que los estudiantes son instruidos en espacios apenas suficientes para ejercitar las ideas. La fórmula deporte=salud física+salud mental+salud emocional debería ser adoptada como un dogma nacional. El MEP, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, el Ministerio de Salud, los centros educativos, las municipalidades y los padres de familia podemos marcar una diferencia en las nuevas generaciones si les inculcamos la práctica de algún deporte. Un pequeño esfuerzo ahora rendirá múltiples frutos mañana. Queda planteado el reto.
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