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Sentido común Mauricio Martínez S. mmartinez@nacion.com La Contraloría General de la República dio esta semana una lección nacional de sentido común. En tan solo cuatro días hábiles -entre el 9 y el 15 de mayo- refrendó la licitación del Ministerio de Salud para dotar de leche especial a 20.000 niños y embarazadas en extrema pobreza. Si el resto de la administración pública se moviera a ese ritmo, como dice nuestro pueblo, "otro gallo cantaría". Claro, no se trata de brincarse procedimientos y de actuar a contrapelo de la legislación establecida. Sin embargo, algo se está haciendo o mal o, sencillamente, no se aplica el sentido común cuando contemplamos pasmados un Ministerio de Salud que tarda casi cinco meses en tramitar una licitación, con un único proveedor y sin que hayan apelaciones de por medio. La burocracia y la ineficiencia estatales, tantas veces criticadas, pero que siguen haciendo de las suyas, cobraron 20.000 víctimas este mes. Se trata de gente que no tiene mayores alternativas alimentarias. Este mes se quedaron sin los cuatro paquetes de leche especial que recibían. En abril pasado también se informó de que 40.000 personas corrían el riesgo de no recibir la comida que les brinda el Estado a través de los 554 Cen-Cinai. Y ¿cuál fue el origen del problema? Múltiples y engorrosos trámites administrativos que debió cumplir Salud. Repito, no se trata de actuar al margen de la ley, pero, si ese tipo de dificultades existen, entonces se debe revisar la legislación y definir procedimientos o canales más ágiles para evitar que los platos rotos los paguen quienes menos responsabilidad tienen: los más pobres del país. Es evidente que la nueva administración tendrá que entrarle a este asunto con pragmatismo y prontitud. Y los jerarcas del sector social también deberán buscar la forma de poner a trabajar, léase bien, dinero ocioso destinado a la lucha contra pobreza. El año pasado varias entidades sociales se guardaron ¢48.500 millones (superávit). Ese "desperdicio", como bien lo señaló la contralora, Rocío Aguilar, es inaudito, demuestra descoordinación y una irresponsabilidad que no podemos tolerar los contribuyentes. Sirva de ejemplo para el nuevo Gobierno la actitud racional y de sentido común que evidenció esta semana la Contraloría al refrendar la millonaria compra de leche.
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